COMPROMISO
Julián Weich expuso cómo ayudó su hijo Momo "el hippie" a combatir los los incendios en la Patagonia
En tiempos donde el espectáculo mediático acapara la atención pública, un gesto desinteresado y silencioso ha logrado cruzar el umbral hacia el reconocimiento social. Julián Weich, más conocido por su ilustre carrera televisiva, se encuentra inesperadamente en el ojo del huracán informativo. Pero esta vez, el protagonismo no recae sobre él, sino sobre su hijo, Jerónimo "Momo" Weich, quien se consagra gracias a su entrega y dedicación en un contexto urgente y destructivo.
Lejos de la vida ostentosa y publicitada, Jerónimo ha tomado caminos singulares, en completa divergencia con la senda acostumbrada por su progenitor. Conocido familiar e íntimamente como "el hippie", él elude las luces de neón que resaltan a muchos hijos de figuras públicas. En cambio, se vulnera a la naturaleza cuya cercanía ha cultivado y, en este tiempo de necesidad, ha respondido a su llamado.
El devastador impacto de los incendios en las extensas regiones patagónicas motivó en Jerónimo una reacción genuina: viajar, involucrarse y aportar con acciones significativas e inmediatas. Sin prensa, sin cámaras que documenten su labor, se ha unido a las brigadas de rescate. Su misión era simple, pero heroica: asistir sin pretensión de reconocimiento o recompensa.
La divulgación de la nobel acción del joven Weich no fue concepto de estrategia viral. En el profundo silencio de la discreción, fue solo hasta que Julián, henchido de orgullo, compartió en las redes la iniciativa de su hijo. "El hippie con Osde, ahora es brigadista con Osde", escribió entre lo jocoso y lo admirativo, mostrando apoyos visuales de Momo en acción en la basta geografía.
Los comentarios en la esfera pública refuerzan lo que en esencia, quienes trabajan a su lado ya conocen. Momo no solo aporta sus fuerzas, sino que lo hace con la humildad de un grande. "Un ser increíble, heredero de causas nobles", resultaron ser algunas de las palabras que los compañeros dentro de las brigadas compartieron sobre él.
Este relato revela el costado menos visible, pero quizás el más impactante, de un desastre ampliamente cubierto. Aquello heroico y modesto que, en estos funcionarios desclamados, puede haberse vislumbrado, guiando con nuestro ejemplo en situaciones tan críticas como las enfrentadas por las poblaciones patagónicas hoy. Una historia sin domingos ni primeras planas, donde Julián Weich encuentra orgullo en la semilla sembrada, la que se manifiesta en solidaridad y una silenciosa fuerza de cambio positivo.