Silvia Cabañares: las adicciones la expusieron a un espiral de violencia y muerte
La vida de Silvia Cabañares tuvo los vaivenes de tantas muchachas de hogares humildes, agravados por su propia enfermedad de base, una esquizofrenia que le diagnosticaron de muy pequeña y los consumos problemáticos. Deambulando sola, viviendo en situación de calle durante gran parte de su adolescencia y juventud, exponiéndose a grupos narcos cada vez más pesados y violentos. Hasta su horrible muerte en un descampado de Las Perlas, el 26 de agosto de 2023.
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La familia estaba compuesta por mamá Flavia, papá Pedro, dos hermanas y dos hermanos. Eran siete personas en esa casa del barrio Confluencia con un agravante: tres padecían esquizofrenia. Silvia, el papá y otra hermana. Por eso, Flavia fue la que tuvo que salir a trabajar para llevar adelante el hogar; y el momento en que ella comenzó a deambular por Neuquén.
César Alfaro es el abogado de la familia y cuenta: “Silvia participaba en los dispositivos autogestionados de Salud Mental de Neuquén. Ella siempre fue tratando de mejorar. Y allí se veía a la Silvia más sana, la que sostenía relaciones, mantenía vínculos, le encantaba cantar, la que escribía. Era una persona muy coqueta según la describían sus compañeros, nunca la ibas a ver despeinada. Esa es la Silvia que recuerdan en esos grupos”.
Gonzalo Segobia (izq), es el único detenido en el marco de esta causa. Está imputado como partícipe necesario.
“Pero la complejidad estaba en el otro lado, y es muy difícil entrar en esa dinámica”, precisó. La mujer que se iba involucrando con grupos de narcomenudeo que se fueron multiplicando por toda Neuquén, a pesar de los esfuerzos oficiales por desterrarlos. Grupos que tienen su propia lógica de dominación y grados de violencia extrema. Personas que se vinculan a partir de la necesidad y la extorsión, con otros conceptos del bien y del mal. “Los que la mataron deben pensar que era una situación obvia, no que cometieron un crimen; para esos grupos, una violación está dentro de las reglas, la mujer es un objeto”, precisó.
Entre las drogas “baratas” que se consiguen en algunos sectores está el paco, y especialmente lo que llaman “darle a la lata”: poner una sustancia en un papelito, encenderlo y aspirar ese humo. “Era la que peor tenía a Silvia en los últimos tiempos”, contó Alfaro.
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El abogado puntualizó que “ese código de violencia, donde las chicas son objetos, es el que rige el mundo donde estuvo vagando Silvia en sus últimos días, con sus problemas de consumo”.
La muerte violenta de Silvia también trae un mensaje: los golpes en la cabeza con una botella, las puñaladas en el ojo y en el cuello, las 17 puñaladas posteriores, repartidas en el tórax, los brazos, las piernas, cuando la mujer ya estaba agonizando.
“Es indescriptible como queda Silvia. Como fue ultrajado el cuerpo. La lesión en el ojo no se le ocurriría ni al más perverso. Claramente hay una situación personal entre los femicidas y la víctima. De odio. Eso complejiza la causa”, precisó Alfaro. Y se refirió a dos sensaciones que se entrecruzan: por un lado, el silencio de mucha gente que prefiere no contar lo que sabe. Y por otro, el miedo, palpable en más de un sentido. Como el testigo de identidad reservada que pensaba presentar la fiscalía: a último momento decidió no viajar y cortó toda comunicación.