Amenazas en las escuelas: el impacto de las redes sociales y la falta de control familiar
La viralización de amenazas entre adolescentes, a través de mensajes en las redes o en los baños de los colegios, provocó a la institución escolar e interpeló a las familias. ¿Qué es lo que ocurre para que lleguemos a episodios de tanta violencia? Y también: cómo es posible que esas amenazas puedan interpretarse como una posibilidad concreta.
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Guillermo Irrazabal, psicopedagogo con experiencia en el sector público y docente, precisó que la adolescencia es una etapa especial de la vida, que en estos momentos además está atravesada por dos situaciones más complejas: la amplitud de las redes sociales y su ubicación como centro de un esquema de consumo.
“Este tema no se acota en una sola cuestión a resolver. Es parte de una violencia simbólica que se reparte y se da a partir de las redes sociales, que en Argentina no tenemos tan controladas como si está haciendo Brasil, con una legislación bastante precisa, ajustada a controlar a las empresas que son las prestadoras de este tipo de posibilidades. Acá no tenemos nada”, explicó. Y destacó que las amenazas que se repitieron en las últimas semanas “son desafíos que se han planteado por (la app) Tik Tok, por eso coincidieron en un día en especial”.
“Si bien la violencia estuvo siempre, hoy está exacerbada y hace eco en el adolescente, que está transitando una etapa de su vida bastante compleja. El adolescente que quiere ser independiente, formar parte de este mundo, pero no quiere ser como nosotros y no quiere seguir exactamente las reglas que le imponemos los adultos”, analizó.
Irrazabal abogó por una legislación que vaya poniendo algunos límites al uso irrestricto de pantallas y redes sociales de los adolescentes. “Algunos desarrollan una verdadera adicción, con los peligros cognitivos que eso plantea”, advirtió. En ese sentido, destacó la experiencia de Brasil, que instrumentó algunas regulaciones; de Australia, que prohibió el acceso a redes sociales de menores de 16 años; o de la Unión Europea, que planea hacer lo mismo para menores de 15.
La adicción a las pantallas: una generación con dificultades para relacionarse. Foto: archivo.
Y en todo caso, es un tema que hay que plantearse como sociedad. Una experiencia que vale la pena analizar es la que comenzó a desarrollar Suiza: “volver a estudiar sin pantalla, cara a cara, interactuando, con libros. Cambiaron pantallas por libros”.
Un desafío que no es solo de la escuela
El psicopedagogo apuntó que la escuela debe actualizarse y capacitarse para enfrentar estas nuevas realidades, pero ni de cerca es la única responsable. Madres y padres ausentes generan un vacío que las pantallas terminan llenando con contenidos que no siempre tienen valores aceptables.
En una experiencia reciente, se incluyó el desafío de las pantallas en el programa de formación docente. “Qué hacemos con los chicos que vienen con exceso de pantalla, con adicción. La pantalla anula la capacidad cognitiva, la plasticidad neuronal. Generan sujetos que no pueden reconocer sus emociones, sus estados, no pueden reconocer un deseo y lo interpretan simplemente como la búsqueda de placer”, precisó.
Hay otras instituciones que pueden ayudar en la búsqueda de volver a colocar a la persona en el centro: el club, el centro cultural, la iglesia. Todos los espacios donde los jóvenes puedan completar una formación, pero que necesitan de la contribución de la familia. “Que el padre y la madre estén presentes, para indicar que ese adolescente les preocupa, y que pongan algún límite. Por ejemplo, no más de dos horas de pantalla diaria. Parece poco, parece mucho… pero por algo hay que empezar”, resaltó.