Marcos Bielma: perfil de un sindicalista de baja exposición que condujo al gremio de la Fruta
Con el anuncio del retiro de Marcos Bielma al frente del Sindicato de Obreros Empacadores de Fruta de Río Negro y Neuquén, se va también una parte importante de la historia del movimiento gremial de la región. Durante su gestión de casi ocho años, sacó a la organización del foco de los escándalos que iluminaron a sus predecesores y se limitó a una actividad más interna.
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El sindicato siempre tuvo liderazgos muy fuertes. En su historia reciente, se pueden mencionar a los hermanos Bernardo y Julio Aliaga, que dominaron el escenario durante 40 años: 25 el más grande; 15 el menor. Períodos en los que atravesaron la última etapa del gobierno de Mario Franco, la dictadura militar, el renacimiento democrático, hasta la final caída en 2005. Durante esas cuatro décadas hubo denuncias por autoritarismo y negocios poco claros, especialmente en lo relacionado con los manejos de la salud y la obra social.
En 1999 se había producido un intento de renovación sindical, cuando Roberto Mandrik – un hombre proveniente del Partido Comunista y con otra experiencia sindical -, le había ganado las elecciones a Julio Aliaga. Pero fue una experiencia frustrada por la muerte del dirigente, apenas nueve meses de haber asumido, y la inestabilidad que signó al período posterior.
Aliaga regresó al gremio en 2003; pero la estrategia de acumulación de fuerzas que había seguido empezaba a crujir. Nunca pudo entender que el hombre que lo reemplazó, su antigua mano derecha, había sido el que organizó la maniobra para abrirle la puerta de salida: Rubén López.
Con López y Juan Domingo Lezcano, el sindicato se vio envuelto en varias denuncias por lavado de dinero. López fue finalmente condenado por abuso sexual simple y la comisión directiva le quitó su apoyo. El artífice de esa maniobra, igual que ocho años antes, fue la mano derecha: Marcos Bielma.
El dirigente de Cipolletti buscó sacar al gremio de esos reflectores. Le quitó dramatismo a las negociaciones paritarias, aunque presionó directamente en los galpones; transparentó el manejo de la obra social; no buscó protagonismo político y sus apariciones públicas fueron limitadas. En el medio, consiguió mudar el edificio del sindicato desde la sede histórica, sobre la calle 25 de mayo, a un nuevo emplazamiento frente a la plaza del barrio Don Bosco.