2026-05-26

Gas licuado: la apuesta de Argentina para convertirse en potencia energética

Juan Martín Bulgheroni, vicepresidente de Estrategia Corporativa de Pan American Energy (PAE), trazó en el encuentro EnergiaON un mapa ambicioso: Argentina tiene el potencial para exportar gas al mundo y, al mismo tiempo, relanzar su industria desde adentro.

El número impresiona: con el proceso de enfriamiento que aplican los barcos de GNL (gas natural licuado), el volumen del gas se reduce 600 veces. Esa transformación física es la llave que abre el comercio global de energía, y Argentina quiere estar del otro lado de esa puerta.

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"Existe la posibilidad de exportar el equivalente a 90 millones de metros cúbicos por día", afirmó Bulgheroni. La cifra cobra dimensión cuando se la pone en contexto: hoy el país produce 160 millones de metros cúbicos diarios. Exportar esa proporción implicaría redirigir al mercado internacional más de la mitad de la producción actual.

El trilema que hay que resolver
Pero antes de hablar de barcos y contratos, Bulgheroni planteó el marco conceptual que ordena la estrategia del sector. "Son tres los desafíos: seguridad, accesibilidad y sustentabilidad", señaló, en referencia al llamado trilema energético, un concepto que los organismos internacionales usan para describir las tensiones que enfrentan los países al diseñar su política de energía.


Garantizar que el gas llegue, que sea asequible y que el negocio sea sustentable en el tiempo. Y en el caso del GNL, hay una condición que los atraviesa a todos: "Debemos garantizar contratos a largo plazo", subrayó el ejecutivo. Sin esa certeza, los compradores internacionales no se sientan a negociar.

Los barcos, los plazos y la hoja de ruta
La logística del proyecto ya tiene forma. PAE trabaja en la instalación de acometidas a las boyas, estructuras que se colocan mar adentro y permiten conectar la infraestructura terrestre con los buques de licuefacción flotantes, conocidos como FLNG (Floating Liquefied Natural Gas).

El primer barco será estacional. Llegará para procesar el gas excedente que viene desde Tierra del Fuego a través del gasoducto San Martín, aprovechando los picos de producción que hoy no tienen destino claro. Es, en cierta forma, un primer ensayo a escala real.

Los barcos que se instalarán de manera permanente tienen fechas: llegarán a mediados de 2027 y de 2028, y comenzarán a exportar hacia finales de esos mismos años. Detrás de ese calendario hay una inversión de 21.000 millones de dólares a lo largo de los 20 años que dura el proyecto.

Lo que se abre puertas adentro
Pero Bulgheroni no habló solo de exportaciones. Para el mercado interno, el crecimiento de la oferta de gas abre lo que el ejecutivo describió como "una oportunidad fantástica". Y puso un espejo: "Es una foto que ya se vio en Estados Unidos", donde el boom del shale gas relanzó industrias enteras.

En Argentina, el escenario que dibujó incluye un renacer de la industria petroquímica, nuevas plantas de fertilizantes, procesamiento de minerales y la instalación de centros de cómputo (data centers) —una industria que demanda energía eléctrica de manera intensiva y que busca precios competitivos—. Todo, impulsado por la energía del gas.

El sustento de esa visión tiene nombre propio: Vaca Muerta. "El potencial es mayor del que pensábamos", afirmó Bulgheroni. Y los números acompañan esa lectura: la proyección es alcanzar 1.600.000 barriles por día en 2035, lo que implicaría casi triplicar la cantidad de equipos de perforación actualmente en operación. "La velocidad de crecimiento es apabullante", reconoció.

La variable que no es técnica
Con toda esa arquitectura sobre la mesa —inversiones, barcos, plazos, mercados—, Bulgheroni eligió cerrar su exposición con un factor que no aparece en ningún contrato, pero que condiciona todos: "Para nosotros es fundamental la buena comunicación entre Estado, empresa y sindicatos".

En un sector que requiere décadas de planificación, y miles de millones de dólares de compromiso anticipado, la estabilidad del diálogo entre los tres actores no es un detalle. Es, también, parte del trilema.

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