A 33 años del femicidio de Yanet Opazo: el crimen que sigue impune
Cada 26 de junio, Cipolletti vuelve a recordar uno de los crímenes que dejó una profunda herida en la ciudad. Hace 33 años, Yanet Opazo fue asesinada cuando tenía apenas 20 años, en un hecho que con el tiempo sería reconocido como uno de los primeros femicidios de la región y que, hasta hoy, permanece impune.
La tarde del sábado 26 de junio de 1993, Yanet regresaba en bicicleta por el barrio Labraña junto a su amiga Claudina Kilapi. Al atravesar un sector baldío, un hombre armado les disparó sin mediar palabra. Yanet murió en el lugar tras recibir un balazo en la cabeza, mientras que Claudina fue alcanzada por otro disparo en el rostro. Contra todo pronóstico sobrevivió, aunque aún conserva la bala alojada en su cabeza y las secuelas físicas y psicológicas de aquel ataque.
La investigación judicial estuvo marcada por errores, contradicciones y pericias que nunca lograron esclarecer definitivamente lo ocurrido. En un primer momento se investigó a un joven cercano a la víctima, pero las pruebas fueron descartadas. Años más tarde apareció el nombre de Claudio Kielmasz, quien durante la investigación del primer Triple Crimen de Cipolletti llegó a involucrarse en el caso, señaló a su hermanastro e incluso confesó el asesinato en sede policial. Sin embargo, esa declaración nunca tuvo validez judicial y posteriormente fue sobreseído.
Las pericias balísticas también sembraron más dudas que certezas. Mientras algunos estudios indicaban que un arma secuestrada coincidía con la utilizada en el ataque, otros informes lo descartaron. Finalmente, ninguno de los sospechosos fue condenado y el expediente terminó convirtiéndose en otro símbolo de la impunidad.
El dolor que nunca terminó
La familia Kilapi recuerda que, además del atentado contra Claudina, comenzó un largo camino de sufrimiento. Su madre, Carmen Figueroa, dedicó años a reclamar justicia, recorriendo juzgados y enfrentando un sistema que, aseguran, nunca les dio respuestas.
Con el paso del tiempo, el desgaste emocional afectó gravemente su salud. La mujer desarrolló diabetes, perdió la visión y falleció sin conocer quién asesinó a Yanet ni por qué intentaron matar también a su hija.
La propia Claudina eligió mantenerse alejada de la exposición pública, aunque continúa conviviendo con las secuelas físicas y emocionales del ataque que cambió su vida para siempre.
Un caso que dejó al descubierto las falencias del sistema
Los familiares sostienen que durante los primeros años estuvieron prácticamente solos. No contaban con asesoramiento legal ni acompañamiento institucional, mientras la investigación avanzaba lentamente entre errores y oportunidades perdidas.
Recién años después recibieron apoyo para afrontar el proceso judicial, aunque nunca alcanzó para revertir las falencias de una investigación que terminó sin condenados.
El crimen de Yanet Opazo también expuso las limitaciones que existían en ese momento para investigar homicidios en Cipolletti, una realidad que años más tarde impulsó cambios en la organización judicial de la región.
La memoria como reclamo de justicia
Treinta y tres años después, el nombre de Yanet Opazo continúa siendo sinónimo de una causa inconclusa. Su asesinato permanece impune y es recordado como uno de los casos más emblemáticos de la violencia contra las mujeres en la región.
Para sus familiares y quienes acompañaron la búsqueda de justicia, mantener viva su memoria es una forma de exigir que hechos como aquel no vuelvan a repetirse y de recordar que, mientras no haya una condena, la deuda de la Justicia con Yanet y con toda la comunidad de Cipolletti sigue vigente.