2026-08-06

VACACIONES

Andrés Gil y Cande Vetrano eligieron la Patagonia para descansar y compartieron fotos increíbles

Las mejores fotos de las vacaciones de Andrés Gil y Cande Vetrano en la Patagonia

En la búsqueda de un espacio donde la naturaleza trama el cuento ideal de un descanso perfecto, Andrés Gil y Cande Vetrano emprenden un viaje hacia el sur del mundo, eligiendo las majestuosas y vastas tierras de la Patagonia como escenario de las primeras vacaciones con su hijo, Pino.

La familia estuvo acompañada no solo de la belleza arrolladora que caracteriza al sur argentino, sino también de momentos íntimos que deslumbraron a la joven pareja, dejando una estela inalterable de recuerdos capturados a través del lente de la cámara de Andrés. Precisamente, es estas memorias visuales donde un arcoíris se extiende tímido sobre el blanco eterno de las montañas nevadas que logran cautivar a cualquier espectador, mostrando la plenitud de Pino al descubrir por primera vez, el folclore natural de la geografía patagónica.

Sorprende y enternece igualmente ver al pequeño Pino, en una ocasión solemne y familiar, a orillas serenadas de un lago. Con un característico gorro de color fulgente -naranja como el revuelo de las hojas-, sostenido por la mano firme y llena de cariño de su madre, Cande. Estampas como estas no solo retratan un emblema de unión familiar sino que, además, capturan una postal pura donde el cielo límpido y las cumbres cadenciosas delimitan un instante congelado de un primer contacto formidable con estas tierras del cono sur.

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Cubierta toda del esplendor de la nieve, el deleite y la diversión no tardaron en aparecer, constituyendo una parte significativa del recorrido de esta radiante pareja con su hijo. Las travesuras invernales contagian sonrisas y espíritu lúdico en Cande, que desde un trineo azul posa alegre, completamente inmersa en un paisaje que regala, sin duda, una alegría incontenible.

Mientras, por su lado, Andrés disputa con una mirada relajada y divertida contra una escultura insólita: un dibujo de oso polar. Escudriñando y compartiendo anécdotas en torno a la falta de internet que caracteriza a algunas de estas áreas, el tipo de humor encantador de Andrés le brinda una capa inolvidable de picardía y autenticidad a la experiencia de costumbres reinaguradas en pasos de après-ski, caídas suaves sobre la nieve entre suspiros, y secciones donde, sin prejuicio, abrazar lo sencillo.

Entre la colección de recuerdos y reflexiones, amenaza una señal interesante e invitación encantada a disfrutar con ojos atentos y corazones abiertos: un cartelito capta y sugiere despojarnos de ataduras electrónicas para sumergirnos en el arte del dialogo vivo. La fotografía del letrero termina fungiendo como lacónica pero importantísima acabadura: renuncia momentáneamente a la tecnología, abrazando lo esencial, dejando verdades alcanzables.

No solo han elegido un destino, Andrés Gil y Cande Vetrano; han acogido una experiencia que, a través de fotografías y anécdotas registradas, narra una evasión temporánea que no hace otra cosa que consagrar su elección hacia un precioso acercamiento, descubridor del blanco reverencial ofrecido por la abrazo mismo de la Patagonia.

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