Mara Salto: un “huesito” que permitió identificarla y una espera de medio siglo para decir “te encontramos”
El astrágalo. Un huesito pequeño, resistente, ubicado en el tobillo; allí donde termina la pierna y se inserta con el pie. Capaz de soportar todas las presiones que recibe del movimiento del cuerpo. Y en este caso, de atravesar medio siglo de historia para identificar a una de las víctimas del Terrorismo de Estado. El huesito encontrado en lo que fue una fosa clandestina que permitió señalar que allí estuvo Mara Salto.
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La adolescente cipoleña estudiaba Medicina, en Córdoba. En 1976, Marita era presidenta del Centro de Estudiantes y cursaba tercer año de la carrera. Entre el 27 y el 28 de julio una patota paramilitar la secuestró y la trasladó a La Perla, el siniestro campo de detención clandestina y muerte que pertenecía al III Cuerpo de Ejército. Por lo que pudieron reconstruir a partir del testimonio de algunos sobrevivientes, allí fue torturada y ese mismo año, “trasladada”. Es decir, asesinada en un sector del mismo centro.
“Este pequeño huesito es la confirmación de que todo lo que veíamos reclamando es verdad y estaba ahí. Fue secuestrada en Córdoba, torturada allí y asesinada”, precisó Mariela, una de sus hermanas. “Ese pequeño huesito – suspira -, es lo que nos permite decir ahora: pasaron 50 años y nunca te dejamos de buscar. Pasaron 50 años y te encontramos”.
Mara Salto tenía 20 años cuando fue secuestrada y asesinada. Cursaba el tercer año de Medicina en Córdoba. Foto: archivo.
La extensa familia, herederos del exintendente Julio Dante Salto y su esposa, Margarita Segovia, tiene por delante un nuevo desafío: por un lado, empezar a transitar el camino del duelo, real, y dejar atrás aquel fantasma del “desaparecido”. Por otro, “traer al presente todos aquellos ideales, todos los proyectos y las ideas de justicia que tenía nuestra hermana”.
Cómo llegó la noticia
A principios de año, el juez federal de Córdoba, Hugo Vaca Narvaja, había anunciado los primeros resultados de la búsqueda realizada por el Equipo Argentino de Antropología Forense en un sector conocido como “Loma del torito”. En esa oportunidad, no se trataba de Mara. “Sentimos un poco de desazón; hubiéramos querido encontrarla para poder traerla con nosotros”, comentó en marzo Mariela.
La búsqueda continuó y hubo más identificaciones. “Llamaron a mi hermana Nina, que vive en Córdoba y fue quien dio la muestra de sangre para futuras pericias. No le dijeron por qué, pero tenía que presentarse en el juzgado el viernes 16 (de octubre). Todos nos imaginábamos que podía ser eso, que habían podido identificarla. Para qué si no la iban a convocar. Pero era una suposición nuestra”, contó.
Desde la distancia, el resto de los hermanos pudo seguir la información que buscaban y esperaban hace medio siglo: “con mucha profesionalidad, pero también con mucha humanidad, con mucha empatía, nos dijeron que habían encontrado algo. Un hueso de su pie; un astrágalo izquierdo. Fue la confirmación de que Mara fue asesinada en La Perla”.
La conferencia de prensa en la que el juez Vaca Narvaja informó sobre la identificación de nueve personas. Foto: gentileza.
Mariela agregó: “más allá de la conmoción, de la mezcla de sentimientos, de renovar la bronca, la angustia, la tristeza, ese pequeño huesito de su pie es la confirmación de que todo lo que creíamos es lo que había pasado. Es la confirmación de la plena verdad. Ese pequeño objeto la trae de vuelta”.
Medio siglo es mucha vida para las historias personales y familiares. Desde aquella desesperada búsqueda de su hermano Dante por comisarías y hospitales de Córdoba en julio 1976; pasando por el testimonio de su mamá ante la Conadep o la realización de los juicios que terminaron con la condena del siniestro general Luciano Benjamín Menéndez y su cohorte de bandoleros y asesinos.
Apenas algunos restos para llegar a la verdad
En este informe, que se hizo público el viernes 23 desde la capital cordobesa, el juez Vaca Narvaja y el Equipo de Antropología Forense, dieron a conocer la identidad de otras nueve personas desaparecidas. Identificadas a partir del enorme trabajo de los especialistas, a partir de pequeños fragmentos de restos óseos.
Mara Salto había sido asesinada ese mismo año y enterrada en las afueras de La Perla. Pero en 1979, cuando llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el régimen militar tuvo miedo de que se encontraran los restos. Utilizando maquinaria pesada, los retiró del lugar y los trasladó con destino desconocido. En el sitio quedaron algunos “pedacitos de hueso”. Que resistieron al tiempo y al olvido.
Mariela reflexiona unos segundos: “estos 50 años de espera tienen este final para poder decir que te seguimos buscando y te encontramos. Que vas a seguir presente en nuestras banderas, en nuestras remeras, en nuestros corazones. Pero todo esto no hubiera sido posible sin la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, que fueron las primeras en llevar adelante el reclamo. Y de los organismos de derechos humanos, que colaboraron y tanto hicieron”.