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ANÉCDOTAS

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02/05/2025

Tomás Fonzi revivió una anécdota con Mirtha Legrand tras emborracharse en casa de Juana Viale

El olvido inolvidable

En la vasta memoria de la industria del entretenimiento argentino, ciertas anécdotas resurgen, como las olas en la orilla, y entre ellas una historia relacionada con Tomás Fonzi vuelve a generar sonrisas, a pesar de haber sido un evento algo humillante para él en su momento. Remontándonos en el tiempo, encontramos a un joven Fonzi atrapado en el vórtice de los amores efímeros y la vida social que acompañan al mundo del espectáculo. Durante un breve pero apasionado romance con la notable Juana Viale, Fonzi experimentó una noche particularmente memorable en casa de la dinastía Legrand-Tinayre. Por aquel entonces, Juana compartía techo con su madre, Marcela Tinayre, y en esa residencia transcurrió el episodio que marca nuestro relato.

La reunión, que pretendía ser un momento de distensión y socialización, pronto evolucionó hacia algo más descontrolado de lo inicialmente planeado. La presencia de bebidas espirituosas, entre ellas el discutido whisky, actuó como catalizador para el desafortunado clímax de aquella jornada. Fonzi, agobiado por un día extenso, buscó alivio y relajación en los licores exhibidos. "Un whisky es poco, dos es mucho y tres es poco otra vez", reflexionó él años después, recordando cómo sus cálculos líquidos le condujeron a termina rendido en un cómodo sillón del patio.



El amanecer encontró al joven Tomás aún sobre el mismo mueble, apenas cubierto por el rocío matutino que ya comenzaba a evaporarse con los primeros rayos del sol. No obstante, la parte más embarazosa del relato se deriva de un acontecimiento acaecido durante las primeras horas de la madrugada, cuando la legendaria Mirtha Legrand, ícono televisivo infatigable aun en aquellas horas intempestivas, se percató del estado inconsciente de Fonzi e intentó despertarlo. "Me tocó con el dedo en el brazo y me llamaba a la razón, señor Fonzi, señor Fonzi", recordó el actor.

Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron inútiles. Fonzi permaneció insensible, sumido en el profundo sueño que solo una mezcla de agotamiento y alcohol logra proporcionar. Ningún intento de revivirlo tuvo éxito aquella helada madrugada, y fue solo al día siguiente, cuando el alba ya había desplegado todos sus colores sobre Buenos Aires, que Fonzi, recuperado apenas, reunió con vergüenza sus pertenencias y efectuó una retirada discreta pero descompuesta.



Este episodio, que podría haber sido uno más entre tantos que ocurren en el microcosmos de la farándula, cobra interés particular debido a sus protagonistas. La interacción entre Tomás Fonzi y una Mirtha Legrand sorprendida pinta un cuadro inusual de vulnerabilidad y rutina, en una historia que sigue avivando la nostalgia y el humor entre quienes la recuerdan. Más allá de la anomalía que representó aquella fiesta en casa de Juana, Fonzi asegura no guardar más que afecto por aquellos años llenos de juventud y exceso, señalando que los recuerdos a veces son dulces incluso si entrelazados con un ligero amargor. Pero el factor inmutable de esta historia parece ser la humanidad y el ineludible paso del tiempo, dejando claro que hasta aquellos destinados a las luces brillantes caen a veces en sombras de torpeza pasajera.

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