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10/05/2025

Alerta del consorcio de riego sobre la producción: "Estamos desperdiciando un río sobre la barda"

Con apenas un tercio de las hectáreas originales en producción, el sistema de riego del Dique Ballester se enfrenta a un futuro incierto. El titular del consorcio advierte sobre el deterioro del valle productivo y reclama una política urgente para revertir el abandono.
Se cerraron las compuertas y comenzarán los arreglos al sistema de riego. | Foto Daniela Luján para Cipo360
Se cerraron las compuertas y comenzarán los arreglos al sistema de riego. | Foto Daniela Luján para Cipo360

El sistema de riego del Dique Ballester, que alguna vez fue el motor productivo de 60.000 hectáreas del valle, hoy apenas mantiene activas entre 20.000 y 25.000. La situación no solo refleja el abandono progresivo de tierras agrícolas, sino también una profunda crisis estructural que amenaza con convertir un fértil valle en “un desierto con casas, cemento y salto”.

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“Tenemos un río sobre la barda, 70 metros cúbicos de agua que se pierden porque no se aprovechan como se pensó originalmente. La mitad vuelve al río porque ya nadie la usa. Se pensó para regar y hoy se está desperdiciando”, denunció el presidente del consorcio de riego en diálogo con este medio, al referirse al reciente cierre de compuertas del dique.

Según el dirigente, el problema es doble: por un lado, el abandono de tierras por parte de productores que se cansaron de la burocracia, los impuestos y las trabas; y por otro, la especulación inmobiliaria que avanza sobre terrenos que antes eran productivos. “No sabemos lo que tenemos. En otras partes del mundo buscan el valle de agua; nosotros lo tenemos y lo tiramos”, expresó con preocupación.

Cada año, el consorcio afronta la difícil tarea de mantener el mismo sistema de riego diseñado para 60.000 hectáreas, pero con un tercio de los productores que había. “Los recursos son cada vez más escasos, y los que seguimos trabajando somos menos. Pero las tareas siguen siendo las mismas: limpieza, mantenimiento, arreglos en kilómetros y kilómetros de canales”.

A pesar del desánimo generalizado, el presidente del consorcio dice seguir adelante por compromiso personal y familiar. “Si no fuera por mi hijo, ya hubiera tirado la toalla. El que trabaja, pierde: lo persiguen con retenciones, trabas, impuestos. Así no se puede sostener”.

Finalmente, llamó a una revisión urgente de las tierras abandonadas y de las políticas públicas hacia el sector. “No sé si lo voy a ver yo, pero este sistema, así como está, no tiene futuro. Alguien se va a tener que hacer cargo o el valle desaparece”.

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