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20/05/2025

Un adolescente logró cambiar el apellido de su padre, con el que no tenía vínculo

Hacía cuatro años que no veía a su padre; y se sentía identificado con el de su mamá.
En la escuela y en todos los eventos formales, lo llamaban con un apellido que no sentía. Por eso pidió cambiarlo por el de su mamá. Foto: archivo.
En la escuela y en todos los eventos formales, lo llamaban con un apellido que no sentía. Por eso pidió cambiarlo por el de su mamá. Foto: archivo.

A lo largo de su vida, la relación con su padre fue esporádica. Apenas unos momentos al mes. El último contacto se había dado hace cuatro años. Razones más que suficientes para que un adolescente de 17 años decidiera cambiar su apellido y elegir el de su mamá. La justicia le dio la razón.

 

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Desde que nació, su historia estuvo marcada por una ausencia. Sus progenitores nunca convivieron. La relación fue esporádica, limitada a los días libres del padre. Después del embarazo, el contacto se cortó. Al poco tiempo de haber nacido, el joven fue anotado con el apellido de su progenitor, quien lo reconoció voluntariamente, pero sin haber estado presente ni antes ni después.

A lo largo de su infancia y adolescencia, los encuentros con ese padre fueron muy pocos. El último sucedió cuando tenía trece años. Desde entonces, el vínculo se rompió por completo. Con el paso del tiempo, empezó a sentir que el apellido que figuraba en su documento no lo representaba. En cambio, sí se identificaba con el de su madre, la persona que lo acompañó siempre, que asumió la crianza y estuvo presente en cada paso.

A los 17 años, tomó una decisión. Con el acompañamiento de profesionales del Ministerio Público de la Defensa presentó una demanda para quitarse el apellido paterno y adoptar, en su lugar, el apellido materno. Inició el trámite en febrero y dos meses después, en mayo, el Poder Judicial le dio respuesta.

 

 

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Durante el proceso, se sumaron informes de la escuela a la que asiste, del equipo técnico y del Registro Civil. En todos los casos, se reconoció la coherencia de su relato y la claridad de sus motivos. La Defensora de Menores que participó en el expediente destacó la madurez con la que el joven explicó su deseo de cambiar el apellido, y consideró que su pedido estaba fundado en su historia personal, su identidad y su entorno afectivo.

El fuero de Familia valoró todos estos elementos y, en línea con la normativa vigente, resolvió autorizar la modificación del nombre. Dispuso además que se emita un nuevo DNI, con el apellido con el que el adolescente se identifica. El fallo también señaló que el nombre forma parte del derecho a la identidad, y que cuando existen razones personales justificadas, puede modificarse sin afectar el interés general.