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30/05/2025

Entre la calidad y los mercados: el desafío diario de producir forrajes premium en Argentina

Con una fuerte apuesta a la exportación y el desarrollo del mercado interno, Nafosa Argentina se posiciona como un actor clave en la cadena forrajera. Alta exigencia técnica, profesionalización industrial y una logística aceitada marcan el rumbo de una empresa que busca llevar la alfalfa argentina a los mercados más exigentes del mundo.
Desde sus plantas en Argentina, Nafosa procesa anualmente unas 20.000 toneladas de alfalfa. | Foto gentileza
Desde sus plantas en Argentina, Nafosa procesa anualmente unas 20.000 toneladas de alfalfa. | Foto gentileza

En un rincón estratégico del mapa agroindustrial argentino, se procesa una de las materias primas más valiosas para la nutrición animal global: la alfalfa. Pero no cualquier alfalfa. Solo aquella que supera rigurosos estándares de calidad, desde el color hasta la humedad, pasando por textura, sanidad y porcentaje de hoja. Es el insumo que Nafosa Argentina convierte en megafardos de exportación para mercados altamente demandantes como China y Medio Oriente.

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Subsidiaria de la española Nafosa —con más de 40 años en la industria forrajera internacional—, la empresa opera en el país con dos plantas industriales que podrían procesar mucho más de lo que hoy mueven. Con una capacidad instalada que supera ampliamente las 20.000 toneladas anuales, actualmente trabajan por debajo del 50% de su potencial, frenadas por una dificultad central: conseguir materia prima que cumpla con los estándares internacionales.

“El proceso empieza mucho antes de que llegue un camión a planta”, explican desde la dirección técnica. Una vez que el fardo entra, se lo analiza visualmente, se toman muestras, se realizan pruebas de laboratorio. Sólo la alfalfa premium avanza al siguiente paso: la industrialización, que transforma la fibra vegetal en un producto homogéneo, estable y trazable, listo para atravesar medio mundo.

La eficiencia operativa es clave. La planta puede procesar unas 150 toneladas diarias, aunque ese volumen podría duplicarse sin problemas si la oferta de calidad acompañara. Detrás de ese engranaje, la coordinación logística, la relación con productores y la articulación con la casa matriz en España son tareas centrales que exigen precisión y visión estratégica.

Pero el desafío no es solo técnico: también es económico. “El equilibrio entre exportación y mercado interno es fundamental”, señalan desde Nafosa. Si toda la producción se vuelca al exterior, tambos y feedlots locales quedan desabastecidos o enfrentan precios inalcanzables. Si se prioriza solo el mercado interno, el exceso de oferta puede hundir los precios y desmotivar a los productores. El modelo ideal —y también el más complejo de sostener— es el que busca combinar escala internacional con desarrollo local.

En un contexto de baja previsibilidad, con financiamiento escaso y costos crecientes, la anticipación es parte de la estrategia. “Tenemos que pensar cada paso con meses de antelación. La gestión del capital de trabajo es crítica”, explican. Y a pesar de ese escenario, la apuesta sigue firme: más tecnología, más vínculo con productores, más profesionalización.

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