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REPERCUSIÓN

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14/01/2026

El día que Julio Iglesias incomodó a Susana Giménez en pleno programa: el video

Cómo fue el día que Julio Iglesias acosó en vivo a Susana Giménez: el incómodo video

En el vasto archivo de la televisión argentina existen momentos que, durante años, fueron almacenados como simples anécdotas televisivas. Sin embargo, con el paso del tiempo y el cambio en la percepción de lo socialmente aceptable, esas mismas escenas son estudiadas bajo una luz más crítica. Tal es el caso de un particular episodio que involucró a la destacada conductora Susana Giménez y al renombrado cantante Julio Iglesias, cuya visita al famoso programa de la diva en 2004 dejó una huella que, aunque en su momento fue vista como parte natural del espectáculo, hoy genera un análisis más profundo.

La escena se desarrolla en el conocido estudio de televisión, donde Julio Iglesias hace su entrada triunfal ante una audiencia que lo ovaciona. A los pocos instantes, la situación comienza a cargar un nivel de tensión palpable para quienes presencian el programa en vivo y para millones desde sus casas. Iglesias recoge el rostro de Susana Giménez y le propina un beso inesperado. A pesar de intentar demostrar cortésmente que el gesto no era de su agrado, la reacción de Susana se ve minimizada por las normas de la coreografía televisiva de aquel entonces.



Giménez, recordada por su habilidad para manejar perfectamente las tensiones del en vivo, bromea sobre la frecuencia de tales saludos no solicitados. "Siempre me da beso," dice, en un aparente intento de aliviar un ambiente cuyos bordes se extienden a un incómodo territorio. Dochada de una predisposición profesional que a muchos les resultaba admirada, sus palabras hoy son interpretadas no como parte del jocoso intercambio del momento, sino como una voz alta que expresa una repetida vulnerabilidad bajo la presión de una cultura del espectáculo demasiado permisiva.

La interacción continúa, cada vez más determinante y menos sutil. Julio persiste, ganándose otro incómodo espacio junto a la conductora, abrumándola con repetidas referencias sobre una supuesta conexión más profunda. Sus comentarios que, en su día, pudieron haber eléctricos suspiro y pocas erguirse por encima del bullicio, hoy provocan inevitable malestar. Todo ello mientras la audiencia percibe en la corporalidad de Susana un cada vez más evidente esfuerzo por gestionar la distancia entre respeto profesional y desagrado personal.



Finalmente, entre frases punzantes que buscan llegar al fin de la entrevista, la tensión se materializa en un punto de desencuentro notorio cuando el cantante le exige "Dame un beso Susanita", y ella recoge una muralla irónica al urgir que "ya te di 42 besos." Julio Iglesias, sin atender las marcadas frontera del rehuir Conductual susurrada en reclamos sutiles, realiza un ultimo intento de reanudar el contacto físico. Los gestos de desconcierto y rechazo de Susana carecen ya de contextos que los suavicen o justifiquen.



Con el video retransmitiéndose en la actualidad y recobrando expectación pública, lo que antes se tildaba de incómoda exageración televisiva prueba ser un momento arquitectónicamente más intrincado. Nos invita a reflexionar sobre la interacción entre el poder, la notoriedad y el consentimiento en espacios donde los mismos han sido históricamente vulnerados en nombre del entretenimiento masivo. Otros testimonios de incidentes similares, las reevaluaciones actuales reafirman la vigencia histórica de la escena, en una era que requiere con inminente urgencia conversaciones sin limites sobre el compromiso normativo al respecto. La interacción de Julio y Susana ya no es solamente asunto pasado: su análisis es ahora parte de un largo camino hacia el entendimiento y la defensa de lo consentido.

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