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CONFESIÓN

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22/01/2026

La frase de Florencia Peña sobre vacacionar en el país que desató polémica

Florencia Peña confesó por qué prefiere vacacionar en el exterior y no en Argentina: “La gente me…”

El universo del espectáculo y la fama es un terreno lleno de luces deslumbrantes, pero también de sombras profundas. Florencia Peña, consagrada actriz argentina, abrió su corazón y trajo a la palestra un aspecto poco discutido del estrellato: el peso de la notoriedad y cómo afecta la cotidianidad de quien habita en su piel.

En una entrevista íntima y reveladora, Peña desentrañó las razones por las cuales, siempre que puede elegir, prefiere cruzar fronteras y hallar consuelo en territorios lejanos. "La gente me...", refiere, con un tono que vacila entre el lamento y una súplica de comprensión. La raíz de esta elección, confiesa la actriz, reside en la compleja relación con una fama que amenaza con dejar su vida privada en el olvido.


Para Peña, la fama no es un cofre dorado sino una carga, más adecuadamente descrita como una fobia social que interfiere en su rutina. Conversando con Nilda Sarli, Florencia pinta un paisaje personal coloreado por el ansiaal de enfrentar cotidianamente un mundo que la observa constantemente. "Es una mochila un poco compleja. Yo soy muy fóbica, tengo fobia social y me cuesta un montón", reveló.

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No tardó en señalar la otra cara de sus travesías, pues el público argentino, el mismo que la acompañó a construir su carrera, también se convierte en el testigo constante de todo lo que hace. "La fama es un espacio muy complicado. A mí me gusta cuando me voy afuera… Yo me voy afuera básicamente porque puedo hacer cosas que no hago acá", confesó, estableciendo así el origen de su controversia.

Lo que Peña encuentra opresivo en su tierra natal es el continuo escrutinio, la posesividad con la que debe lidiar cuando pretende encontrar respiro. "Si me voy de viaje a Mendoza, me tengo que bancar que la gente me pida fotos, se sienta con derecho a tocarme, a abrazarme", lamenta, dando por sentado que esas interacciones han superado la frontera del cariño genuino y han entrado al campo de lo invasivo.

Esta sinceridad destapa su esperanza más básica y humana: ser tratada como una persona anónima, aunque sea por momentos. "A veces tengo ganas de ser anónima, necesito ser anónima", afirma, un deseo que se vuelve imperativo en un entorno donde su privacidad es constantemente invadida. "Necesito poder no tener el pelo peinado y que nadie me saque una foto y la suba a las redes y me critiquen", añade, subrayando una realidad dolorosa de la modernidad mediática.

En un grito donde lo íntimo se vuelve público, Peña representa a muchos que caminan el mismo sendero sin la prolífica exposición que caracteriza su vida. Sin embargo, sus palabras no estuvieron exentas de crítica. Algunos interpretaron sus declaraciones como una ofensa al país, percibiendo sus deseos de anonimato y libertad como un desdén hacia las contribuciones del público nacional.

Hacia el final de su confesión, Florencia Peña soltó una línea que rebotó con fuerza en los medios y entre sus seguidores: "Nada me parece más horrible que ser famoso". Con ello no solo desentona un llamado a la reflexión sobre el costo de la celebridad, sino que también genera una tórrida discusión sobre el ecuánime balance entre la pasión por su vocación y el pago que impone este reconocimiento desmedido. Una revelación que, más allá de causar divisiones, insinúa un debate más amplio y necesario sobre los efectos humanos de la vida celebrity.

Entre el eco de sus verdades personales y las reacciones que siguen, sus palabras seguramente resonarán con otros colegas y con el público que observa desde la comodidad sin restricciones totales.

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