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24/03/2026

El recuerdo de Mara Salto, desaparecida en La Perla: “Era una piba muy alegre, estudiosa”

Hija del exintendente Julio Dante Salto, Mara se había ido a estudiar Medicina a Córdoba. Era la presidenta del Centro de Estudiantes cuando fue secuestrada. “Tenemos un recuerdo muy vívido”, apuntó su hermana Mariela.
El memorial de Cipolletti y su lista de vecinas y vecinos que fueron secuestrados, víctimas del terrorismo de Estado. Foto: archivo.
El memorial de Cipolletti y su lista de vecinas y vecinos que fueron secuestrados, víctimas del terrorismo de Estado. Foto: archivo.

Son 17 los detenidos desaparecidos, víctimas del Terrorismo de Estado, que tienen una identidad con Cipolletti: o porque aquí los secuestraron; o porque habían estudiado y formado parte de la pequeña sociedad de fines de los años ‘60 y principios de los ’70. Entre ellas se encuentra Mara Salto: en julio de 1976 fue secuestrada en Córdoba y desapareció en el centro clandestino de detención y torturas de La Perla.

 

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A 50 años del golpe, su hermana más chica, Mariela, hizo una descripción de aquella adolescente que un día se fue a estudiar Medicina y que vio truncados todos sus sueños: “era una piba muy alegre, muy estudiosa. También muy trabajadora, porque en los veranos se ponía a trabajar en una librería. Tenía un fuerte compromiso social: a la par que estudiaba en el colegio María Auxiliadora, con todo su nivel de exigencia y formalidad; militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios y tenía un grupo de alfabetización en la Costa”.

La familia Salto se conformó alrededor de dos referentes de la vida social y política de aquellos años: papá Julio Dante, médico de profesión, jefe comunal de la ciudad y referente de la Unión Cívica Radical Intransigente; y mamá Margarita Segovia, una activa militante de las organizaciones católicas de la región. Tuvieron nueve hijos, que luego realizaron su propio camino.

 

Mara Salto, secuestrada el 28 de julio de 1976 en Córdoba. Tenía 20 años. Foto: archivo.

 

En marzo de 1976, María Emilia ya estaba detenida en Bahía Blanca; otro hermano, Julio Alberto, fue apresado poco después por su participación en el gobierno de Mario Franco. En julio, Mara fue secuestrada en una calle de la capital cordobesa. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista, cursaba tercer año de Medicina y era la presidenta del Centro de Estudiantes. “El 27 de julio me llamó para mi cumpleaños; el 28 es el cumpleaños de otro hermano, Dante, que sigue viviendo en Córdoba, y ese día ya no llegó”, contó.

 

La ausencia permanente

Dante la buscó “por los hospitales, por las comisarías, llegó hasta el III Cuerpo de Ejército”. Por testimonios de sobrevivientes de La Perla, la familia pudo reconstruir algunas imágenes de lo que serían los últimos días de Mara. “Al principio teníamos alguna esperanza de encontrarla; pero fue pasando el tiempo. Sabíamos algunas cosas; por ejemplo que su casa había sido allanada, pero no saber tantas cosas”, contó.

Y añadió: “fueron años bravos; de seguir transitando la vida, porque pasaban otras cosas, pero a la vez esa ausencia permanente”.

 

El dolor y la militancia

Cuando apareció la noticia sobre 12 desaparecidos de La Perla que habían podido ser identificados por el equipo de Antropología Forense, la familia Salto tuvo una esperanza de que pudieran estar los restos de aquella hermana. “Pero no pasó. Y esa desazón la troqué en participación. Hemos estado con la Multisectorial de Cipolletti. Ahora incorporamos un tríptico en el que agregamos la información de cuatro personas que antes no estaban; entonces ahora son 17 las desaparecidas y desaparecidos de la ciudad”, contó.

 

Se cumplen 50 años del golpe que instauró el Terrorismo de Estado. Foto: archivo.

 

Mariela precisó también que hay que seguir contando la historia: “estuve yendo a los colegios, a las escuelas y jardines de Cipolletti, y me renueva la energía. Me renueva la convicción de que hay que continuar relatando esta historia. En cada colegio, en cada escuela que asistí, se estaba trabajando el tema. Es fundamental para nuestros estudiantes, para nuestros adolescentes. Tienen derecho a conocer”.

“Cuando contamos estas historias, cuando explicamos lo que pasó, muestran un gran interés. Y después vienen la pregunta. Hay una gran necesidad de saber, y eso es responsabilidad de los adultos”, dijo.