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07/04/2026

Malvinas: soldados estaqueados, las largas guardias, los “kelpers” que atacaban a las tropas

Los recuerdos de Víctor González, un veterano de guerra, a 44 años del conflicto que marcó a una generación.
Víctor González (derecha): recién pudo recordar los episodios con soldados estaqueados 36 años después. Foto: gentileza.
Víctor González (derecha): recién pudo recordar los episodios con soldados estaqueados 36 años después. Foto: gentileza.

La guerra de Malvinas fue una ráfaga, pero sus consecuencias siguen perdurando hoy, 44 años después. En las consecuencias geopolíticas, en los soldados que participaron, en la dolorida conciencia social de los argentinos. Un conflicto instalado por una dictadura militar que intentó disimular las improvisaciones y desaciertos con una rígida censura.

 

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El dolor, la presión, los mecanismos propios de defensa, hicieron que muchos veteranos de guerra ocultaron en algún plano oculto de sus memorias hechos que los conmovieron. Víctor González fue Policía Militar en Puerto Argentino durante esos días de 1982. Pero tardó 36 años para recordar un hecho que lo había marcado.

Y lo hizo porque uno de sus compañeros le avisó un día de 2018: “che, se están acordando de vos en el grupo. Por qué no te sumás”. Y palabra va, palabra viene, se fue acordando de dos episodios de soldados estaqueados en las islas. El primero, en la Usina de Puerto Argentino. “Un soldado se acordaba de que lo había desatado un soldado; y otro compañero le dijo que había sido yo, el Negro, el Covacha… Yo no me podía acordar”, contó emocionado.

Hubo más hechos similares, González recordó otro que ocurrió en “los tanques de YPF”, como denominaban a los depósitos de combustible. Y eso podía ocurrir por cualquier cosa: “como en todos lados, había oficiales y suboficiales excelentes; y otros que eran cobardes que no aguantaban y se las agarraban con los soldos”, precisó.

 

"Malvineros" solidarios, durante una campaña en la Región Sur. A la derecha, Víctor González. Foto: gentileza.

 

Y agregó: “las guardias eran largas; a veces de 24 horas. Con hambre; con frío; en medio de la escarcha. Era muy difícil. Te quedabas dormido parado. Si te encontraban esos oficiales, el castigo era estaquear”.

El tema de las estaqueadas y los castigos físicos a los soldados fue un tabú para las Fuerzas Armadas durante todo este tiempo. El primer intento serio de investigar lo realizó la jueza federal de Río Grande, Mariel Borrupto, quien en febrero de 2020 procesó a cuatro oficiales. Una causa que después se empantanó en la Corte Suprema de Justicia.

 

Los soldados heridos por los kelpers

El “Negro” González también recordó los patrullajes que tenían que hacer por las calles de Puerto Argentino, prestando especial atención a las casas de los “kelpers”. Los lugareños no querían a las tropas argentinas y hubo “varios casos de soldados heridos con balas de calibre 22”, contó. No eran armas de guerra sino de aquellos descendientes de ingleses que emboscaban a los conscriptos con sus viejos revólveres y fusiles de uso civil.

“También teníamos que estar atentos al uso de los equipos de radio”, contó González. En las Malvinas, por una cuestión de distancias y de caminos que se volvían intransitables, los isleños contaban con sistemas de radiocomunicaciones. El objetivo de los patrullajes era tratar de impedir que transmitieran información sobre las posiciones argentinas a la flota que bloqueaba Puerto Argentino.

 

Una segunda guerra

Tras la derrota militar y el penoso traslado de las fuerzas al continente, vino un proceso de reinserción a la vida civil que se hizo muy duro. “Fue una segunda guerra”, expresó. Haber estado durante el conflicto era suficiente para ser excluido de cualquier oferta laboral. “Se me cerraban las puertas. Me decían ‘cómo vamos a tomar a un loquito de la guerra, no sabemos cómo estás de la cabeza’. Por eso hubo muchos que se suicidaron”, contó González.

Nos prometieron trabajo, atención médica y vivienda. No nos dieron nada. Estuvimos 10 años olvidados. Si no fuera por la sociedad, no tendríamos ninguna puerta abierta. Después, para tapar todo eso, nos dieron una pensión. Esa pensión a muchos les jodió la vida. Porque al que le alcanzaba, no trabajó más. Se quedó en la casa, lo atrapó el alcohol, lo atrapó las drogas. Se estropeó también la familia. Qué ejemplo le iba a dar a los hijos”, puntualizó.

Y la pelea sigue: ahora, por la atención médica. Porque a los problemas de la guerra, se les agregan los de la edad. Tienen más de 60 años y empiezan otras afecciones. “Hace dos semanas, se suicidó un veterano en Quilmes, porque no le autorizaban un tratamiento. Y tenemos un compañero de Cinco Saltos que también lo tienen a las vueltas para darle la autorización”, confió.