Publicidad
 

CONFESIÓN

|
27/04/2026

Tamara Paganini sufrió un crisis al hablar de la muerte de sus mellizos en Gran Hermano

La participante de Gran Hermano contó cómo fue el peor momento de su vida e hizo hincapié en el instante en el que debió desconectar a su hija.

Hay escenas que rompen el formato de un reality. Momentos donde el juego desaparece y solo queda lo humano. Eso ocurrió en Gran Hermano Generación Dorada, cuando Tamara Paganini tomó la palabra en una actividad que pedía compartir el mejor y el peor momento de la vida, y terminó dejando a todos en silencio.

La casa ya venía cargada de emoción por los relatos previos. Pero cuando le tocó hablar a la histórica participante, el clima cambió por completo.

Con la voz quebrada desde el arranque, empezó por el recuerdo luminoso. “El mejor momento de mi vida… me van a tener que bancar. Después de 22 años buscando un bebé, con parejas o incluso estando sola, con mi novio falló una primera inseminación, así que hicimos una segunda y a los diez días me avisaron que había prendido y que capaz eran mellizos. Creo que ese fue el momento más lindo de mi vida: cuando pude saltar de alegría con mi novio porque era el bebé más esperado de mi familia”, contó.

Pero esa felicidad, explicó, quedó atravesada por el dolor. “Eran un varón y una nena. Era como que la vida se había resarcido de tanta mier… y me daba algo lindo, un final lindo”, dijo antes de reconstruir las complicaciones médicas que aparecieron durante el embarazo.

Luego llegó uno de los pasajes más devastadores del relato. “No puedo decir que fue el día más feliz de mi vida porque a los 3 minutos ya tenía a Vitorio en brazos y se murió”, expresó entre lágrimas. La emoción en la casa era total. Sus compañeros lloraban mientras la escuchaban reconstruir lo que vivió con Vitorio y Donatella, sus mellizos fallecidos en 2016. Pero para Tamara, lo peor vino después.

“Tampoco fue el peor momento. El peor momento de mi vida fue a los 10 días”, dijo, antes de relatar el instante en que tuvo que enfrentar una decisión imposible sobre la continuidad de vida de su hija. Lo que siguió fue un testimonio crudo, desgarrador y profundamente honesto. “Si la dejábamos en incubadora iba a poder vivir no sé cuánto tiempo y tuvimos que decidir cuándo desconectarla”, recordó.

Y después lanzó una frase que dejó a todos sin reacción. “Si me decían ‘no aguantó’ o ‘se murió’, bueno, pero tener que decidir que no viviese más por esos cables se sintió como que tenía que matarla”.

Ya sin poder seguir, se quebró. No pudo hablar más. Sus compañeros se acercaron a abrazarla. No fue solo un relato sobre la pérdida. También fue una confesión sobre la culpa, el duelo y cómo se sigue después de atravesar algo así. De hecho, recordó una charla que había tenido semanas atrás con Martín Rodríguez, con quien descubrió un dolor en común: ambos habían perdido hijos.

Ahí apareció otra reflexión que golpeó fuerte. “De todo eso, el único dolor que me queda es ese”, dijo. Y más tarde sumó una mirada sobre el después, cuando volver a reír también duele. “Cuando empezás a mejorar, cuando empezás a reírte de nuevo… te da culpa. El 80% de las parejas se separa ante una crisis como esta. Por suerte mi novio y yo zafamos, y creo que nos unió más todavía”, cerró.

En una casa donde suele discutirse estrategia, alianzas o nominaciones, por unos minutos no hubo juego. Solo quedó Tamara Paganini, su verdad, y una historia que atravesó la pantalla. Porque hubo lágrimas, sí. Pero también hubo algo más fuerte: el peso de escuchar un dolor que no se puede actuar.