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04/05/2026

Cables que matan: el riesgo de electrocución de aves y su grave consecuencia

Un relevamiento analizó 160 casos, pertenecientes a 18 especies. Un estudio científico resaltó que con unas medidas simples se podría eliminar el problema.
Un águila mora, encontrada en la zona de Casa de Piedra. El tendido eléctrico y un problema que podría ser fácilmente solucionable. Foto: José Hernán Sarasola.
Un águila mora, encontrada en la zona de Casa de Piedra. El tendido eléctrico y un problema que podría ser fácilmente solucionable. Foto: José Hernán Sarasola.

El tendido de líneas eléctricas que atraviesan grandes extensiones del territorio permite distribuir la energía, pero al mismo tiempo genera un impacto que no se había tenido en cuenta. La electrocución de cientos de aves, fundamentalmente rapaces, que cumplen una delicada función en el ecosistema: el control de roedores, víboras y otras especies.

 

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Una investigación que realizó el Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces en Argentina registró 160 casos de aves electrocutadas, correspondiente a 18 especies. Algunas, como el águila coronada, en peligro de extinción. “Los riesgos para el ecosistema, todavía no podemos saberlo porque faltan estudios”, precisó Diego Gallego García, doctor en biología por la Universidad del Comahue. Pero alertó sobre los peligros de la pérdida de biodiversidad y de la función de control que realizan sobre especies de roedores.

Incluso los 160 casos constituyen más que nada una estimación: son los que se pudieron encontrar en el trabajo de campo y no un registro exhaustivo. Las especies más afectadas son el águila coronada, una especie nativa de Sudamérica y que está en peligro de extinción; el águila mora; el jote de cabeza negra; el aguilucho común y la lechuza.

Las torres de las líneas de alta tensión, de 500 kw, tienen el riesgo de la muerte por colisión. En este estudio se enfocaron en la electrocución de aves, que se producen en las líneas de media y baja tensión.

 

Un jote electrocutado al pie de una torre de hormigón. Foto: Diego Gallego García.

 

¿Cómo se produce la muerte? “Para que ocurra una descarga, la electricidad tiene que correr entre dos lugares distinto potencial eléctrico. Tiene que tocar dos puntos energizados. Eso puede ocurrir en dos casos: al tocar dos cables al mismo tiempo, al desplegar las alas; o cuando se posa sobre una cruceta, montada sobre un poste que es buen conductor de electricidad”, contó Gallego García.

Cuando esos postes eran de madera, los casos eran mucho menores. Al ser reemplazos por estructuras de metal o de hormigón, que son buenos conductores, la situación empeoró.

 

Una solución simple

Pero la solución es bastante simple y “la mortandad se puede eliminar por completo”, expresó el investigador. La primera medida que se puede tomar es “que los cables pasen por debajo de las crucetas y no por arriba. Un ave, al posarse en el poste, no estaría en contacto directo”, comentó.

Para evitar la electrocución por contacto de dos cables, se puede guiarlos “para que ocupen distintos planos” y así también disminuir los riesgos.

“La tercera, tratar de construir los postes con materiales que no sean conductores de la electricidad. Esto no pasaba tanto con los postes de madera”, agregó. Y hay otra más, una cuarta, que ya es un poco más cara: “es más compleja por lo económica, colocar fundas cobertoras de PVC en aquellos postes potencialmente peligrosos”. Pero en definitiva la solución más eficiente sería utilizar los postes que no sean buenos conductores de electricidad, como los de madera que se usaban antes.