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22/05/2026

A 24 años del segundo triple crimen: el dolor intacto y la impunidad que persiste

Carlos Leiva, esposo de Mónica García, una de las víctimas fatales del triple femicidio ocurrido en 2002, recordó cómo vivió aquella noche que marcó su vida para siempre.
Carmen, Mónica y Alejandra, las víctimas del triple crimen de Cipolletti. Foto archivo
Carmen, Mónica y Alejandra, las víctimas del triple crimen de Cipolletti. Foto archivo

A horas de cumplirse un nuevo aniversario del segundo triple femicidio ocurrido el 23 de mayo de 2002, conocido como la “masacre del laboratorio”, Carlos Leiva volvió a poner en palabras el dolor, la impotencia y la sensación de abandono que dejó uno de los casos más estremecedores en la historia de la ciudad.

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Leiva, esposo de Mónica García —una de las tres víctimas fatales—, dialogó con LU19 y recordó cómo fue aquel momento en el que recibió la noticia que cambiaría para siempre su vida y la de su familia.

“Había estado con Mónica a las siete y monedas de la tarde. Hablamos de qué íbamos a cenar y esa fue la última vez que hablé con ella”, relató. En ese momento, trabajaba a pocos metros del lugar donde ocurrió el ataque. “Me abrieron las puertas de manera violenta y me avisaron. Salí corriendo. Todo fue un estado de shock, de incredulidad. Uno no entiende cómo pudo pasar”, expresó.

El hombre recordó la desesperación al llegar al laboratorio y encontrarse con la escena. “Cuando vi cómo estaba el panorama y después verla a ella, tuve la sensación de que no iba a tener un final agradable. Estaba muy mal”, contó conmovido.

A 24 años del crimen, Leiva aseguró que el paso del tiempo no borró el dolor, aunque sí transformó la manera de recordarlo. “Es un día particular, diferente. Ahora uno trata de recordar las cosas lindas”, señaló.

También habló sobre su hija, que tenía apenas un año y medio cuando ocurrió el femicidio. Hoy tiene 25 años y logró construir su vida. “Nunca la victimicé. Siempre traté de que saliera adelante”, afirmó. Sin embargo, recordó que uno de los momentos más duros fue darle la noticia al hijo mayor de Mónica. “Esa cara no me la olvido nunca más”, confesó.

Durante la entrevista, Leiva fue muy crítico con la investigación judicial y manifestó que perdió toda esperanza de que el caso se esclarezca. “Estoy totalmente convencido de que no se va a resolver. Ya no”, sostuvo.

Además, cuestionó el manejo de la causa y recordó que hubo juicios anulados y múltiples irregularidades. “Hubo un manoseo muy grande. La sociedad presionaba muchísimo y alguien tenía que pagar. Necesitaban un chivo expiatorio”, dijo en referencia a las personas que fueron imputadas.

Leiva también señaló que, según peritos internacionales que participaron de la investigación, habría indicios de la participación de más de una persona en el ataque. “Encontraron dos tipos de ataduras diferentes en las víctimas. Pero todo quedó en suposiciones”, lamentó. resalt´que la única persona sobreviviente no pudo nunca declarar, "La única persona que tendría, podría haber dicho las cosas cómo fueron y no no pudo, porque realmente esta pobre mujer, la que sobrevivió, tuvo un show traumático tan gigante, nunca pudo, a pesar de las presiones nuestras, las presiones de la justicia, no pudo, no recordaba nada."

Finalmente, expresó su deseo de que algún día se conozca la verdad sobre lo ocurrido. “Ojalá algún día alguien pueda decir qué pasó realmente con este triple crimen”, concluyó.

triple crimen del laboratorio
Los peritos trabajan en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Alejandra. Foto archivo

 

Qué fue lo que pasó ese día

El 23 de mayo de 2002 atacaron salvajemente y asesinaron a la bioquímica Mónica García, a la psicóloga Carmen Marcovecchi y a la paciente Alejandra Carbajales en un laboratorio de análisis clínicos del centro de Cipolletti. La masacre tuvo una sola sobreviviente y un solo detenido, que más tarde quedó libre por orden de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ya que lo habían enjuiciado dos veces.

El asesino llegó y se escapó en bicicleta. Eran cerca de las 20.30 de aquel 23 de mayo y Bettina, la hija de Karavatic, entró a buscar a su mamá porque tardaba mucho y se cruzó con el autor del triple crimen cuando salía de la sangrienta escena.

La psicóloga Marcoveccio, de 30 años y con dos hijos, pareciera haber sido quien se llevó el mayor sadismo del femicida. La encontraron atada, con la cara quemada con ácido acético y tenía en total 13 puñaladas: en el pecho, el abdomen y la espalda.

Por su parte, la bioquímica García, tenía 9 puñaladas y le habían quemado el rostro con el mismo producto químico que a la médica. En tanto, la paciente de Marcoveccio, Carbajales, fue degollada y se desangró en el jardín interno del laboratorio.

El homicida había cortado a Ketty Karavatic dos veces en el cuello y en el hospital le encontraron también a la mujer una bala alojada en la cabeza. Contra todo pronóstico, ella se recuperó, pero no declaró ni en el primero ni en el segundo juicio contra David Sandoval, cuyas huellas fueron encontradas en la escena del crimen.

La fuga del asesino fue accidentada y por lo menos cinco personas lo vieron cuando intentaba alejarse de la escena del crimen. De acuerdo a los testimonios, el sujeto pedaleó unos metros en su bicicleta, pero perdió el equilibrio y se cayó, por lo que terminó de huir a pie.

Unas tres horas después de la masacre y basados principalmente en la declaración de los testigos, la Brigada de Investigaciones detuvo a David “El Clavo” Sandoval, quien tenía en su poder una botella de ácido acético. Pero después, un laboratorio móvil de Gendarmería encontró huellas de un lavacoches, David Sandoval, quien no tenía ningún parentesco con El Clavo, pero que había sido paciente de la psicóloga durante su infancia en un orfanato de Neuquén.

Los dos Sandoval quedaron presos. “El Clavo” fue acusado de encubrimiento y David de ser el triple homicida. Pero “flojos” de pruebas en su contra, en octubre de 2004 los jueces de la Cámara Segunda del Crimen absolvieron a los dos Sandoval.