Así cambió Paris Jackson, la hija de Michael Jackson que construyó su propia carrera

Así está hoy París, la hija de Michael Jackson que tiene 28 años

16 agosto, 2026

París Jackson, la hija del icónico Michael Jackson, ha logrado lo que muchos pensarían imposible: darle a su apellido legendario un sabor propio y único. Hoy, con 28 años, se ha establecido como una respetada cantante, actriz y modelo, construyendo una carrera lejos de las sombras de su padre, a quien solo conoció durante sus primeras etapas de vida tras el velo de la fama mundial.

El peso de heredados legados como el suyo podría haber aprisionado a cualquier otra persona, y sin embargo, París ha encontrado una manera de manejarlo e independizarse. Recientemente, reveló detalles de una infancia que, a pesar del imaginario maravilloso que viste el recuerdo de su hogar en Neverland, estuvo marcada por reglas estrictas y limitaciones claras impuestas por su padre. Nunca dejó de ser educativo e inspirador, en el marco de lo que era un mundo lleno de luces intermitentes y promesas de diversión eterna.

En una charla con Alex Cooper en el conocido podcast 'Call Her Daddy', París confesó que a pesar de vivir rodeada de privilegios físicos, crecer en el famoso rancho de su padre no significaba disfrutar libremente de sus famosos entretenimientos. Su padre implantó en ella y sus hermanos un sentido claro de responsabilidad. Solo podían aprovechar las increíbles instalaciones si cumplían con sus responsabilidades: una premisa que, según reflexiona con el tiempo, otorgó a los chicos una perspectiva sensata y aparentemente normal en un ambiente que era cualquier cosa menos común.

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La educación para París no fue tradicional. Dentro de los confines del Valle de Santa Ynez, sus días eran una mezcla de estudios y expectativas. Explica que sus mañanas ya comenzaban intensas, moviéndose de inmediato a la 'aula', una habitación dentro de la propiedad, donde, junto a Prince y Bigi, asumía el semblante de estudiante a pesar de los juegos que podían esperarlos al final de la semana.

La sorpresa de tal educación fue la publicación de su testimonio, ya que rompió con la percepción de 'vida sin reglas' típica de las celebridades creciendo rodeadas de placeres y caprichos desenfrenados. Michael, insistía París, no pretendía más que inculcar una ética de trabajo, por lo que nunca dejaba ver a sus hijos como poseedores de derecho alguno sobre el asombroso rancho, diseñado principalmente para ofrecer alegría a niños en situaciones desfavorables.

Al recordar los años de su crecimiento, París podría hacerlo con una sonrisa en el rostro—en parte por haber tomado sus enseñanzas y aplicarlas en su vida adulta—, concluye honestamente que su camino probablemente habría tomado un curso lleno de privilegios arrogantes sin la estricta crianza que recibió. 'Podría haber sido realmente grosera', dice, ilustrando el equilibrio entre la abundancia de recursos y la realidad de sus consecuentes limitaciones.

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