La nueva vida de Virginia Da Cunha en Mendoza tras alejarse de los medios

Virginia Da Cunha cambió la fama por la montaña: su nueva vida instalada en Mendoza

7 septiembre, 2026

En el complejo mundo del entretenimiento, donde la vida se mide por brillos y sonidos atronadores, algunos eligen alejarse para reencontrarse. Este es el caso de Virginia Da Cunha, reconocida inicialmente por su participación en la banda pop Bandana, quien decidió dar un cambio drástico a su vida al mudarse a la tranquila provincia de Mendoza. Durante años, Da Cunha había permanecido en el centro del espectáculo, sobrellevando la carga del éxito y la atención mediática constante. Aunque muchos podríamos pensar que la fama es un destino deseado, para Virginia fue un viaje con un costo demasiado elevado. En el 2020, buscando un respiro de su rutina habitual, la artista viajó a Mendoza con intenciones laborales como DJ. Sin embargo, la naturaleza tenía otros planes para ella.

La pandemia ese año paralizó al mundo y dejó a muchos, incluida Da Cunha, repensando sus vidas desde otros rincones inesperados. Estacionada en el pintoresco barrio Chacras de Coria, en Mendoza, algo dentro de Virginia comenzó a despertar. El paisaje quieto y robusto de la montaña la transportó de regreso a sus años de niñez en las sierras de Córdoba. Fue una reconciliación con una parte de ella que había sido olvidada en medio del caos de la vida mediática en Buenos Aires. Así, se abrió un nuevo capítulo, uno de introspección, rodeado de nuevas prácticas como el yoga y terapias alternativas, que vinieron a nutrir su espíritu.

Más allá de lo personal, Mendoza ofreció a Da Cunha un terreno fértil para su búsqueda espiritual y artística. Influenciada por la cosmovisión andina y la conexión con la tierra, comenzó a experimentar una renovación creativa. En una atmósfera libre de juicios, Virginia contribuyó al ámbito musical revalorizando su pasión por la música desde una perspectiva rejuvenecida y auténtica. En paralelo, se consolidó como DJ y siguió componiendo, componiendo himnos de introspección y realidad.

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Pero Mendoza no solo significó un cambio profesional, sino también en el ámbito personal. En este refugio conoció un amor mendocino que la acompañó durante cinco años. La relación, aunque finita, le permitió florecer emocional y socialmente, afianzando lazos con el entorno que había reconfigurado su vida. Es esencial considerar estas experiencias como constructos integrales en nuestro crecimiento.

Comparando con el pasado cuando Da Cunha era protagonista de fenómenos pop, ytras unos años en los cuales Virginia exploró multitud de roles como el bartending en Santorini escondida bajo anonimato, o su relación con el actor Nicolás Cabré, el reencuentro con los aspectos esenciales de su ser han dado un giro evidente a su trayectoría de vida.

Regresar luego a Buenos Aires con una nueva visión no fue un paso atrás, sino un avance realizado con la sabiduría ganada. Actualmente, de nuevo bajo las luces de la ciudad, aunque con un enfoque renovado sobre el éxito y la fama, ha vuelto a formar parte de proyectos relacionados con Bandana, pero también se admite alejada del perfil de fama que alguna vez tuvo. La experiencia mendocina redefinió a Virginia Da Cunha, dejando una huella inmutable donde la serenidad y la naturaleza firmaron el cambio.

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