Mabel Rigoni: la historia de una maestra que llegó en colectivo a Cipolletti y se quedó para siempre

Una vocación que la llevó a recorrer las distintas escuelas de la ciudad y un espíritu para sobreponerse a las dificultades.

11 septiembre, 2026

Mabel Rigoni, una "Maestra" que le dedicó una gran parte de su vida a las escuelas de Cipolletti. La emoción de encontrar a sus alumnos de antaño. Foto: gentileza.
Mabel Rigoni, una "Maestra" que le dedicó una gran parte de su vida a las escuelas de Cipolletti. La emoción de encontrar a sus alumnos de antaño. Foto: gentileza.

Tenía apenas 20 años cuando Mabel Rigoni se subió a un colectivo en La Plata que la iba a dejar en aquella parada lejana de Cipolletti. Muy atrás iba quedando aquella Federación, el pueblo entrerriano donde nació; y Feliciano, donde estaba el colegio donde se recibió de Maestra Normal Nacional como internada. Y Buenos Aires, donde había querido estudiar Ciencias Exactas justo cuando la dictadura de Onganía cerraba las universidades.

 

Leé también: 75° aniversario de los Bomberos: hoy último día de la muestra y mañana gran desfile con sorpresas

 

Mirando por las ventanillas del micro, Mabel sólo pensaba en los desafíos que la esperaban. Sin nostalgias por lo que quedaba atrás: “una se acostumbraba a eso. Desde los 10 años que me habían mandado al Colegio como pupila”, recuerda ahora desde su casa en el barrio Arévalo. Y el Cipolletti que la recibía estaba en plena efervescencia en aquel 1972 que hoy parece tan lejano: por un lado, con una economía en pleno desarrollo, motorizada por la construcción de las grandes represas; por otro, con la convulsión del mundo gremial y político.

Mi primera escuela – recuerda -, fue la 53”. La histórica escuela del centro: “la directora era Margarita Ibar de Tienroth y la vice, Elder del Río de Sosa”. Dos maestras que también dejaron su huella en muchas generaciones de cipoleños.

Su derrotero docente continuó por varias más: la del Pichi Nahuel; la 264 del Luis Piedrabuena; la 121 de La Falda; la 111, la 131; la 33. Y los números son una sucesión de recuerdos, de jornadas doble turno porque la necesidad lo ameritaba y porque había cinco hijos para criar y educar.

 

Vista aérea del viejo edificio de la Escuela 53 (al fondo), y del Círculo Italiano. Foto: gentileza.

 

Pero para Mabel Rigoni hay dos escuelas que tienen un sabor especial: la 264, de la calle Chile, pleno barrio Don Bosco, porque “estuve tantos años trabajando en primer grado”. Y la 283, de las 300 Viviendas, “porque es la pude organizar a mi manera”. En esa institución terminó su experiencia como “docente”, pero no como “maestra”.

 

La directora: organizadora del juego

En el sistema docente se suele describir al rol de una directora con una metáfora futbolística: es “la armadora del juego”. El 10 que puede poner el “pase largo”, el “cambio de frente” o definir una situación. En la escuela, es el que se encarga de traducir los enunciados de las políticas educativas en situaciones prácticas.

Y en la escuela 283, Rigoni ejerció 16 años como directora. “Fue la escuela que pude organizar a mi manera; que nunca fue una manera común. Siempre contra la corriente. Tenía un pensamiento más libre sobre cómo enseñar y cómo aprenden los chicos. Eso lo trabajé mucho con las docentes de la escuela. Y logramos un efecto muy lindo al final del camino”.

En diciembre de 2003 deja su etapa como “docente” – que es más que nada un cargo -, pero nunca abandona su espíritu como “Maestra”. Y lo recalca como si estuviera frente a sus alumnos: “Maestra, con mayúsculas. Porque ser Maestro es antes que nada una vocación por enseñar. Y eso no se pierde nunca. Yo nunca dejé de ser Maestra. Tengo nietos a los que me dedico”, contó con una amplia sonrisa.

Ese año, la docente quedó atrás y comenzó su etapa por otros pasillos. La vida institucional y política del municipio y la provincia.

 

Desde la fundación de la Unter al Concejo Deliberante

Mabel Rigoni participó de la fundación del sindicato docente rionegrino, la Unter, entre 1982 y 1983. Después fue integrante de la conducción de la seccional Cipolletti del gremio durante cinco períodos consecutivos. En 2003 fue elegida presidenta del Concejo Deliberante, junto a Alberto Weretilneck en la intendencia.

“Yo venía de una agrupación que pensaba que si bien desde el gremio uno puede pelear por los derechos, también hay que ocupar los espacios donde se deciden los derechos. Ocupar los espacios en la política me permitió estar en lo que pude, del lado de los compañeros que confiaron en mi cuando votaron en las elecciones. Eso es otro anhelo cumplido”, remarcó.

En 2007 ocupó la secretaría de Desarrollo Social del municipio, y a partir de 2011 dirigió los programas sociales que tenía el gobierno provincial: comedores escolares y transporte, dos áreas claves.

 

Un consejo para los que deciden estudiar para docentes

“La docencia es un legado, una misión, que tiene mucha importancia. Uno puede cambiarle la vida a otro, desde el lugar que ocupa, para bien o para mal. Y yo siempre espero que sea para bien. Con eso no se jode. Me encantaría que vuelvan a llamarse maestros. La palabra Maestro se escribe con mayúscula. Y el Maestro es el que define a veces qué es lo que va a ser el grupo que tiene adelante”, contó.

Y enfatizó: “imaginate el significado que le estoy dando a la palabra maestro.

Al momento de comparar la docencia de los ’70 y las generaciones actuales, se sinceró: “lo veo muy superficial. Les faltan ganas de aprender junto con el alumno. Esto no es algo que se pueda tomar a la ligera. Si van a estudiar para ser maestros, que sepan que es una responsabilidad muy grande. Es como cuando un médico tiene la vida de una persona en sus manos”.

“La sociedad actual se volvió muy individualista, solo se piensa en si mismo; no se piensa en grupo, en gremio. Por eso hoy le dicen “sindicato”. Yo prefiero decirle “gremio”. Es un montón de personas pensando en el otro primero, y después en sí mismo. El individualismo nos ha hecho eso. Preocuparme más por lo que me pasa y no por lo que nos pasa”, reflexionó.

A Mabel Rigoni le sigue gustando esa vocación que abrazó hace 54 años, caminando las calles de Cipolletti y dirigiéndose a la vieja escuela 53, cuando se ingresaba al antiguo edificio por la calle Yrigoyen. Pero también se siente cómoda en el retiro. “No se deja de ser Maestra, pero es tiempo de descansar y estar con la familia”, cuenta.

Pero para que no queden dudas: “Hoy tengo 74 años y me sigue gustando ser maestra”. Casi tanto como cuando alguno de los tantos alumnos que tuvo la llamen “Seño”, al encontrarse en algún lugar. “Tengo mala memoria para los nombres, pero de las caras sí me acuerdo. Un poco por eso, otro poco calculando la edad, generalmente saco en qué escuela nos conocimos”, precisó.