Irán y los países del Golfo siguen negociando la apertura del estrecho Ormuz

El encuentro tendrá lugar en Salalah, Omán, por iniciativa del gobierno omaní y en medio de las fuertes tensiones que atraviesan Medio Oriente. En tanto, el presidente Donald Trump aseguró que el conflicto terminará tras las elecciones en Estados Unidos.

12 septiembre, 2026

Las tensiones internacionales han llegado a un punto crítico en el estrecho de Ormuz, un área situada dentro de las principales rutas comerciales de petróleo del mundo. Bajo el impulso de Omán, Irán y seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo están llamados a la mesa de negociaciones para buscar un entendimiento que facilite el tránsito de buques petroleros sin incidentes.

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Este lunes, Salalah será terreno de una cumbre cargada de simbolismo y expectativa, con delegaciones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y Omán enfrentándose dicisión clave junto al canciller iraní, en un esfuerzo colectivo por mitigar el riesgo de desabastecimiento energético mundial en una de las regiones más vitales y volátiles.

La razón subyacente de estas conversaciones no es solamente el deseo de reducir la tensión regional o económica, sino también asegurar la estabilidad económica. Ormuz representa un cuello de botella estratégico del cual dependen decenas de economías mundiales.

En este sentido, el esquema propuesto por los negociadores incluye autorizaciones para que los barcos transiten entre las aguas iraníes y omaníes, incrementando su navegabilidad sin recurrir a conflictos territoriales. Sin embargo, los desacuerdos persisten, en particular en torno a la totalidad en la apertura de este concurrido tramo marítimo.

El renovado interés internacional no es casualidad. El barril de petróleo Brent sigue batiendo máximos, habiendo superado los US$100, influenciado por la incertidumbre sobre la fluidez de tales exportaciones. A lo largo de varias semanas, la inestabilidad ha provocado alzas abruptas en los precios del crudo, sus derivados y, en consecuencia, en la inflación global.

Más aún, los conflictos disparados en otros puntos estratégicos como Bab el-Mandeb, empujan a los líderes a alcanzar consensos localizados, aspirando no sólo a resolver las tensiones inmediatas, sino a establecer bases para una seguridad duradera en la región.

La repercusión global del conflicto se ha exacerbiado este último verano tras las declaraciones desde Washington, con el Presidente Donald Trump haciendo eco de la importancia de estas negociaciones para el statu quo energético actual.

En un discurso toda una oda al patriotismo, Trump no escatimó en palabras, vinculando las tensiones perpetuas en Medio Oriente con la histórica guerra contra el terrorismo, recordando fervientemente los atentados del 11 de septiembre de 2001, redireccionando su narrativa belicosa también contra Irán.

Tal referencia, se destaca, exacerbó los temores sobre una escalada mayor al señalar que "sólo la victoria es la opción", dejando entre líneas un sentido de urgencia en alcanzar acuerdos puntuales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, respaldó esta posición al subrayar un compromiso indeclinable con la inmunidad nacional y relanzar las advertencias sobre el "peligroso" desarrollo nuclear en Irán.

No obstante, finalizó reafirmando la supremacía militar de Estados Unidos y su decisión inmutable de controlar los pasos marítimos, velando por sus compromisos económicos y estratégicos.