Osvaldo Quiñones: de Borocotó a Osvaldo Soriano y la pasión por el deporte amateur

Se cumplen 25 años del fallecimiento de un hombre que tanto hizo por el desarrollo del ciclismo y el atletismo en la región.

24 octubre, 2026

Don Osvaldo Quiñones, de camisa, junto a un grupo de atletas en la década del '70. Fue un pionero en la promoción y la organización de competencias del deporte amateur. Foto: gentileza.
Don Osvaldo Quiñones, de camisa, junto a un grupo de atletas en la década del '70. Fue un pionero en la promoción y la organización de competencias del deporte amateur. Foto: gentileza.

En una época en que Internet todavía no había nacido y que los teléfonos celulares sólo aparecían en las películas de ciencia ficción, don Osvaldo Quiñones logró instalar en la conciencia colectiva de la región la importancia del deporte comunitario y amateur. Tenía que romper la idea de que el ciclismo, el boxeo o el atletismo sólo eran material para algunos pocos fanáticos.

 

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Así que cada domingo a la tarde se subía al colectivo Alto Valle y empezaba a recorrer las agencias y oficinas de los medios regionales.  LU 19 (entonces en la rotonda); LU5 (en la esquina de Alberdi y Santa Fe, de Neuquén); el diario Río Negro (durante muchos años en la planta alta de Buenos Aires e Independencia); Sur Argentino (el diario de los hermanos Sapag, en la calle Fotheringham, donde hoy funciona La Mañana). La parada para dejar el comunicado de prensa, cuidadosamente escrito a mano en una hoja de cuaderno Gloria, charlar un ratito con el cronista para que ese papel tuviera una historia atrás; y después sí, seguir hasta la próxima parada.

Así, el nombre de la Peña Ciclística Borocotó se hizo conocida en todo el Alto Valle; y un poco más allá. Detrás de aquel informe para la prensa con los resultados de una carrera de atletismo o de una pelea de boxeo, había mucho. Una historia de organización, convocatoria, acompañamiento.

 

Por qué “Borocotó”

Ricardo Lorenzo era el nombre real de un periodista que escribía en la revista “El Gráfico” con el pseudónimo de Borocotó. En 1960, don Osvaldo lo conoció en uno de los ríos del sur neuquino durante una salida de pesca. Tenía una gran admiración por su estilo narrativo y su dedicación a los deportes menos conocidos, como el ciclismo. Por eso, cuando le peña empezó a formarse en la peluquería de Atilio Aragón del barrio del Trabajo, en 1966, no dudó en sugerir aquel nombre mítico.

Había más personas involucradas en la “patriada”: Delfín Vega, Darío Lezama, Francisco Burgos, entre otros.

La primera prueba relevante fue una competencia para ciclistas veteranos: la Cipolletti – Cutral Co, con casi un centenar de participantes y en la que se impuso el neuquino Fulvio Eggers.

También pasaron la Doble Zapala, entre Cipolletti y Zapala; y la Cipolletti – Catriel, 136 kilómetros bajo la lluvia cuando la 151 todavía era de tierra.

Su hijo, José, trae a la memoria los nombres de algunos de esos deportistas: Pedro Méndez, que ganó la doble Cutral Co con un promedio de 44,325 km/h; Repupili, El Ruso Apignanesi, el Gringo Galardini.

 

Osvaldo Soriano pide pista

No es un secreto que Osvaldo Soriano pasó una parte importante de su adolescencia en Cipolletti; y que convirtió en cuentos memorables algunas historias deportivas de ese Alto Valle de los años ’50 y ’60, como El penal más largo del mundo. Pero no es tan sabido que en alguna oportunidad integró el equipo de fútbol de la Peña Borocotó.

En la Liga Confluencia, Soriano jugaba para Confluencia, hoy alejado de las competencias oficiales. Pero en sus ratos libres aceptaba los desafíos que vinieran. Como sumarse a ese equipo que viajaba a Chile para jugar dos partidos un fin de semana. Y que terminó disputando seis, en una gira que se extendió más de un mes.

 

Más historias

Por la Peña Ciclística pasaron más deportes. El motociclismo y el speedway; el boxeo en el mítico salón Rapigas del barrio Don Bosco; el atletismo por las calles de toda la región y la consagratoria participación de un atleta regional, “El Tero” Sebastián Aravena, en la carrera de San Silvestre, en San Pablo.

Don Osvaldo Quiñones siguió con su pasión por el deporte amateur hasta sus últimos días. Falleció un 25 de octubre de 2001, cuando tenía 77 años.