Después de las lluvias flamencos, patos y cisnes llegaron a la laguna Carrilaufquen

El ingeniero agrónomo Jonathan Cuevas explicó que los flamencos vuelan de noche hasta 600 kilómetros, “estudian el lugar” y, si encuentran alimento, se quedan. La presencia de juveniles de plumaje gris abre la posibilidad de que se establezcan en la zona.

31 octubre, 2026

La laguna Carrilaufquen, ubicada 15 kilómetros al norte de Ingeniero Jacobacci, volvió a poblarse de aves. Flamencos, patos y hasta cisnes llegaron al espejo de agua de la Región Sur rionegrina, y entre ellos aparecieron ejemplares jóvenes de plumaje gris, una señal que podría anticipar que algunos de estos visitantes se queden.

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El fenómeno fue analizado por el ingeniero agrónomo Jonathan Cuevas en una entrevista con Canal 10 de General Roca, donde describió cómo se desplazan estas aves, qué buscan en las lagunas de la meseta y por qué la Carrilaufquen podría convertirse en algo más que una escala de paso.

El flamenco viaja de noche 
Según Cuevas, la llegada de los flamencos forma parte de un movimiento más amplio de aves migratorias, y su forma de desplazarse es una de sus particularidades: “Los flamencos han empezado a llegar con muchas aves migratorias, y la particularidad del flamenco es que vuela mucho, más que nada de noche, aprovechando las corrientes estables de la noche, y tiene la capacidad de andar hasta 500, 600 kilómetros por noche”.
Pero el arribo no garantiza la permanencia. El ave evalúa el sitio antes de decidir: “Estudia el lugar, si hay alimento, se queda, se instala, es muy probable que, si todo va bien, pueda tener crías también en este lugar”, explicó el ingeniero agrónomo.

Más agua, más vida 
La clave está en lo que el agua trae consigo luego de las últimas lluvias. Cuevas detalló que cuando las lagunas reciben un volumen importante de agua, se activa la vida microscópica que sostiene la dieta del flamenco: “Al agarrar tanta agua, y como todos sabemos, si hay mucha agua y hay vida, los microorganismos que están en el agua, en el suelo, al ponerse en contacto con el agua, empiezan a proliferar”.
El flamenco se alimenta filtrando. “Como es un ave que cuela, que va pasando su pico y va colando el agua, absorbe muchos microorganismos”, describió. A eso se suma una ventaja propia de estos ambientes: “Estas lagunas de la meseta, al no tener competencia con peces, por ejemplo, porque no hay peces, la competencia por la comida es menor”.

Los pichones grises
El indicio más llamativo surgió de las imágenes registradas en la laguna. Allí, Cuevas identificó ejemplares jóvenes, aunque descartó que hayan nacido en el lugar: “En uno de los videos, muy interesantes, alcancé a ver algunos pichones de plumaje gris. No creo que lo hayan podido incubar acá, porque es muy pronto, pero ya te da el indicio que están volando con las crías y es muy probable que se establezcan acá”.

La Carrilaufquen no es un caso aislado. El ingeniero agrónomo señaló que los flamencos se instalan “en esta laguna y en muchas lagunas de la meseta” y mencionó otros espejos de agua donde abundan los registros fotográficos, como la laguna del Chancho, muy visitada por quienes practican trekking y running, donde “también hay mucha carga de flamenco”. 

Una laguna verde 
La Carrilaufquen, cuyo nombre en lengua mapuche significa “laguna verde”, se encuentra sobre la ruta provincial 6 y cubre unas 461 hectáreas. Históricamente fue el principal centro de recreación de Jacobacci y está declarada parque público. Su riqueza en aves tiene respaldo científico: un relevamiento del ornitólogo Aníbal Casas, publicado en 1992  en la revista El Hornero, registró 60 especies en las lagunas Cari Laufquen Chica y Cari Laufquen Grande, con el cisne de cuello negro entre ellas.