Regina cumple 102 años: un repaso por la historia, sus protagonistas y el esfuerzo que transformó el desierto en La Perla del Valle

Los primeros inmigrantes llegaron tentados por la publicidad de la empresa colonizadora en Europa. La verdad fue muy distinta: jarillas, alpatacos, suelos arenosos y una región donde todo estaba por hacerse.

7 noviembre, 2026

Surgida del esfuerzo de familias inmigrantes que transformaron una tierra árida en un oasis productivo, Villa Regina cumple 102 años de historia, durante los cuales se convirtió en el centro económico del Alto Valle Este. En esta nota, repasamos los hitos de su origen, la visión técnica de sus fundadores y el desafío de las nuevas generaciones para seguir proyectando el futuro y, sobre todo, el desarrollo.

 

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Muchos momentos, recuerdos y nombres emblemáticos corren el riesgo de quedar fuera en cualquier intento de síntesis periodística sobre Villa Regina. Sin embargo, en cada rincón de la ciudad se respira la certeza de que todos ellos colocaron un ladrillo fundamental para que aquella incipiente y remota colonia agrícola sea hoy la urbe más pujante de la micro región que abarca desde Mainqué hasta Chichinales y Valle Azul.

Para quienes caminan a diario sus calles, Villa Regina conserva intacta esa espontaneidad de pueblo con memoria a cada paso. El desafío es que esa memoria permanezca estática, sino que se funda con la visión de los nuevos pioneros, aquellos vecinos de hoy y mañana sobre quienes recae la responsabilidad de trazar el mapa estratégico para que "La Perla del Valle" continúe expandiéndose, desarrollándose y brillando en el Alto Valle de Río Negro.

 

La tierra donde no existían los horarios

Al reconstruir los primeros años de vida de la localidad a través del archivo testimonial y las entrevistas recopiladas durante más de dos décadas por el diario LCR, un patrón común define los orígenes: la historia de Regina no la escribió una figura solitaria. La fundaron familias enteras de inmigrantes que pusieron manos a la obra de sol a sol, sin distinción de géneros ni edades. Hombres, mujeres y niños asumieron la tarea titánica de cultivar la tierra en jornadas que parecían infinitas.

 

 

La solidaridad comunitaria fue el verdadero cimiento social de los comienzos. Ante la escasez de documentación formal en los primeros tiempos, la historia viva de la ciudad se sostuvo gracias a las fuentes orales directas, los relatos rescatados por recopiladores reginenses y la memoria resguardada en el Museo local.

Cuando los primeros contingentes desembarcaron en la zona, la promesa de un "paraíso terrenal" difundida en Europa por la empresa promotora se topó de frente con la aridez de la realidad: un paisaje copado por alpatacos, jarillas y médanos de tierra suelta donde todo estaba por hacerse.

 

 

De "Colonia Mion" al 7 de noviembre: los nombres y las fechas del origen

 

Antes de su institucionalización formal, este punto de la región del Alto Valle era conocido popularmente como "Colonia Mion" o "Lo de Mion". La bisagra histórica llegó con la intervención de la Compañía Ítalo Argentina de Colonización (CIAC), entidad comercial encargada de seleccionar a las familias —principalmente italianas y con conocimientos agrícolas en suelo europeo— y organizar el asentamiento en un trazado inicial de 5.000 hectáreas adquiridas a Marcos Zorrilla, quien fuera secretario de Julio Argentino Roca.

El 7 de noviembre de 1924, el entonces presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear, firmó el decreto oficial que reconoció la constitución de la CIAC y aprobó sus estatutos de colonización. En gratitud a esa gestión, la población incipiente adoptó el nombre de "Colonia Regina Paccini de Alvear", en homenaje a la esposa del mandatario, una reconocida cantante lírica de la época.

 

 

Con el transcurso de los años, la denominación se simplificó a Colonia Regina y finalmente adoptó el definitivo de Villa Regina. Paralelamente, la fecha del aniversario atravesó sus propios debates históricos: en las primeras décadas, ante la falta de un acto fundacional expreso, los festejos solían realizarse en el mes de abril (apoyados en la compra inicial de tierras concretada en julio de 1923). No obstante, formalmente a partir de 1958 se fijó de manera institucional el 7 de noviembre para conmemorar el hito del decreto de 1924.

 

El esfuerzo de varias nacionalidades y los fundadores

Aunque la reglamentación de la CIAC priorizaba la adjudicación de lotes a familias de origen italiano, la identidad reginense se nutrió de varias nacionalidades. Las investigaciones históricas y los registros parroquiales y del Registro Civil dan cuenta de pobladores de origen español, chileno, yugoslavo, alemán, austríaco, árabe y argentino. Uno de los antecedentes documentados de mayor antigüedad es el de Evaristo Cortés, de nacionalidad chilena, quien administraba un criadero de cabras en la intersección de lo que hoy es la avenida Mitre y la calle Las Heras.

A la hora de hablar sobre los fundadores, es de destacar que la visión técnica inicial provino del ingeniero César Cipolletti, quien recorrió las costas de los ríos regionales a caballo trazando el proyecto del sistema de riego por canales. Tras su imprevisto fallecimiento en pleno viaje transatlántico, su yerno, el Ingeniero Felipe Bonoli, casado con Benedictta Cipolletti, retomó el proyecto y se radicó en Regina como gerente de la CIAC.

 

Si bien el presidente de la compañía, Héctor Valsecchi, figuraba al frente de las gestiones en Buenos Aires, fue Bonoli quien sobre el terreno —a más de 1.100 kilómetros de la capital— diseñó la urbanización del casco céntrico con su característico trazado de manzanas romboidales y diagonales. 

Junto a Bonoli, Benedicta Cipolletti desempeñó un rol social determinante: educaba a los niños, impartía clases de costura y organizaba las primeras celebraciones comunitarias y religiosas en la vivienda familiar, edificación que hoy alberga la sede del Museo céntrico.

 

Una fecha para celebrar 

Ciento dos años después de aquellos primeros surcos abiertos entre la jarilla y la aridez del suelo patagónico, el aniversario de este 7 de noviembre se convierte en una pausa obligada para honrar la memoria de quienes convirtieron la nada en una de las ciudades más importantes de la provincia.