Crimen de Costa Norte: qué pasó con el tercer participante y por qué puede complicar la causa
El día que asesinaron a Franco “Titín” Lagos en su despensa de Costa Norte, había cuatro personas involucradas: por un lado, el taxista, Mauro Sepúlveda, quien habría sido el que pasó el dato y trasladó al “equipo operativo”. Los otros tres, “flacos, altos y encapuchados”, armados con escopetas “tumberas” de calibre 12, fueron los que entraron al comercio, redujeron a los que presentes y robaron el dinero. Antes de retirarse, asesinaron a sangre fría al propietario.
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Dos de ellos están detenidos, imputados de “homicidio criminis causa”, una de las carátulas más graves del Código Penal. Se trata de Jean Paul Juárez y Aron López, dos peligrosos delincuentes vinculados al clan Montecino, la familia que todavía controla el narcomenudeo en la ciudad. En la primera redada quedaba sin identifica el tercer integrante de ese sanguinario grupo.
Ahora se sabe quién es y dónde está, pero no se lo puede procesar: al momento del hecho, era menor de 16 años, por lo que es inimputable para la justicia. Y si cambiaran la legislación, nada modificaría su situación, porque las leyes penales no pueden ser retroactivas.
Mauro Sepúlveda fue el encargado de trasladar en el taxi que manejaba a los tres responsables del asalto. Foto: archivo.
Por lo que se sabe hasta el momento, Juárez, López y Sepúlveda, todos vinculados por el negocio narco, habrían decidido cometer el robo “por la propia”, sin dar participación a la banda. Pensaron que el golpe iba a ser “fácil” y que esa noche de primavera (era el 25 de octubre), les iba a reportar un botín generoso sin grandes costos.
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¿Habrá sido por eso que dedicieron llevaron con ellos a un menor de tan corta edad? ¿Para irlo fogueando? Se trataba además de un “pollo” del clan, alguien a quien protegerían de cualquier eventualidad.
Juárez y López, integrantes de la banda de los Montecino, serían los responsables del atraco que terminó con la vida del comerciante. Foto: archivo.
Pero hubo un problema: Lagos pudo haber reconocido a uno de los delincuentes. O alguno de los asaltantes se puso nervioso. Lo cierto es que antes de salir, uno de ellos le puso la “tumbera” a centímetros de la cabeza y lo ejecutó.
La participación del menor es un inconveniente para el equipo de la fiscalía y una oportunidad para los defensores. Juárez y López tienen poco que perder: la alternativa es terminar presos de por vida. Ante eso, pueden afirmar que el autor del disparo fue el tercer integrante del grupo, que ya se sabe que no puede ser juzgado. Y jugarse a recibir una condena por robo, pero no por “homicidio crimis causa”.