CRIMEN DE OTOÑO:
Los problemas de la memoria empiezan a ser una amenaza para el juicio de Uriarte
Pasó la tercera jornada que se sigue por el secuestro, violación y posterior asesinato de Otoño Uriarte. La desaparición de la adolescente se produjo el 23 de octubre de 2006, hace 18 años, y el paso del tiempo empieza a ser un problema en el desarrollo del juicio. A medida que van declarando los testigos, se reitera la falta de recuerdos, o imágenes que se convierten en poco claras con el trascurso de los años.
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El caso más significativo fue la presentación del subcomisario Rodolfo Aballay, quien en esa época se desempeñaba en la comisaría 33 de Allen. Retirado desde hace seis años, instalado en San Juan, el ex oficial pareció no acordarse de muchas cosas relacionadas con el crimen. Y eso que el caso Otoño tuvo una repercusión regional y nacional muy importante. Pero la memoria del hombre es frágil y fue una oportunidad que las defensas no dejaron de aprovechar para plantear las dudas que le generan las afirmaciones de la querella y la fiscalía.
El historial de Aballay en la fuerza no estuvo excento de polémicas: fue acusado de proveer las balas de plomo que se usaron en la represión de Bariloche en 2010, que se transformaron en dos manifestantes muertos; fue el encargado de investigar el crimen de Micaela Bravo, que quedó impune; y había sido relevado de su cargo como segundo jefe de la subcomisaría 28, en Bariloche, cuando ocurrió el crimen del policía Lucas Muñoz.
Aballay declaró a través de una plataforma virtual: la conectividad tiene sus virtudes, pero en este caso fue una verdadera complicación, ya que el testigo tuvo que leer dos párrafos de un informe que redactó el 13 de noviembre de 2006, a tres semanas de la desaparición, del que no recordaba absolutamente nada.
Los abogados y los imputados siguieron con atención la declaración del ex subcomisario Aballay. Foto: Cipo360.
La fiscal general María Teresa Giuffrida le aclaró que en un juicio oral como el que se está celebrando, los documentos escritos no tienen relevancia; la importancia está en las declaraciones de los testigos. Pero Aballay empezó con el paso cambiado: no recordaba a los imputados, salvo el nombre vago de (Germán) Antilaf, ni al informe que había elevado hace 18 años. En cambio, reconoció su firma y luego de la lectura, pudo hablar sobre los dos párrafos de interés para la acusación.
En uno, mencionaba los hostigamientos que Antilaf y Néstor Cau realizaban a Otoño, aunque no pudo precisar de qué se trataban los mismos. En el siguiente, mencionaba que Zarrabeitía, un ex oficial de la policía que trabajaba como chofer de la empresa KoKo, había reconocido a Antilaf y a Cay descendiendo de un colectivo a la mañana siguiente de la desaparición de Otoño.
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La hija de Zarrabeitía, Ercilia, iba al mismo colegio secundario que Otoño; y en su casa la joven dejaba la bicicleta para ir al establecimiento. Ayer declararon Ercilia y la viuda del chofer, Inés Calmels.
“Después de tantos años no puedo dar precisiones sobre esos hechos”, explicó el oficial retirado de la policía. Al ser consultado por uno de los defensores, tampoco recordó quiénes habían sido las fuentes en las que basó el informe que redactó y firmó en noviembre de 2006.