Publicidad
 

EL JUICIO:

|
27/11/2024

Cómo fueron las últimas horas de Otoño antes de su desaparición

Los testigos explicaron los movimientos de la adolescente ese fatídico día
Cómo fueron las últimas horas de Otoño antes de su desaparición
Cómo fueron las últimas horas de Otoño antes de su desaparición

La segunda jornada del juicio por el secuestro y muerte de Otoño Uriarte estuvo centrada en la reconstrucción de los movimientos de la adolescente ese 23 de octubre de 2006. El último día que la vieron con vida. Desde su llegada al colegio, a la mañana temprano; el almuerzo y las clases de informática y educación física, se detallaron los distintos pasos que protagonizó la adolescente.

 

Leé también: Pueden recibir una condena a perpetua, pero llegaron al juicio en libertad

 

Las primeros testigos fueron Leyre Segovia, compañera del tercer año en el CEM 14 de Fernández Oro; Ercilia Zarrabeitía, que también cursaba en el mismo secundario pero en otro curso; y su mamá, Inés Calmels.

 

Leyre y Ercilia eran dos de las personas más próximas a Otoño. Leyre recordó que ese lunes 23 de octubre salió de su casa a las 7.55 y vio venir a su amiga en bicicleta. Dejó que la dejara en la c asa de los Zarrabeitía y luego se fueron caminando hasta el colegio. “Era una chica feliz, a pesar de los problemas que había tenido. Era una buena amiga, una buena compañera. Le gustaba el deporte; tenía unos hermosos ojos azules y una risa particular”, precisó.

 

Uno de los abogados defensores quiso saber cuáles habían sido esos problemas. Leyre – hoy una mujer de 34 años -, lo miró un instante y le respondió: “se le había muerto la madre siendo una niña. ¿Le parece poco?”. Esto le valió una reprensión de la presidenta del Tribunal, Florencia Caruso, situación que no pareció intimidar demasiado a la joven.

 

"Se le había muerto su madre siendo una niña; ¿le parece poco?", respondió Leyre Segovia. Foto: Cipo360.

 

Las clases regulares terminaron a las 13. Almorzaron unas hamburguesas en la galería, fueron a Informática y posteriormente se marcharon “al predio de Sícolo” para la práctica de educación física. Se despidieron alrededor de las 15.30. “Ella tenía práctica de voley en el Polideportivo, pero yo no iba. Hacía otra actividad en el club Fernández Oro”, explicó.

 

Leyre contó un par de episodios que involucraron a los imputados: un día, vio discutiendo a Néstor Cau y José Jafri con otro personaje del barrio, “Tola Gajardo”, al que le explicaban que “lo que pasó, pasó porque se nos fue de las manos”. Y otro episodio, ocurrido en un pequeño acto de homenaje a Otoño en la plaza que lleva su nombre, cuando se les apareció Cau para insultarlos y arrojarles piedras.

 

Inés Calmels denunció que hace unos días se presentó Cau frente a su casa: “empezó a gritarme gorda sinvergüenza, gorda atorranta, vos y Segovia la mataron”. No sé por qué me lo dijo, yo nunca lo involucré. Eso me duele y me trae recuerdos feos”.

 

Seguí leyendo: Cuatro personas del Alto Valle circulaban fuertemente armadas y fueron detenidas en Valle Medio

 

En la casa de los Zarrabeitía – Calmels, Otoño dejaba su bicicleta. La historia de esas llegadas de la adolescente habla de lo que era la sensación de seguridad que había en Fernández Oro en esos años: no había portón, dejaba el rodado apoyado sobre una pared, al lado de una ventana, y se iba. “No quedaba a mi cuidado; yo me dedicaba a hacer mis cosas”, se desentendió Calmels. A la tarde o a la noche, Otoño o algunos de sus hermanos pasaban a buscarla y se volvían a la casa.

 

Pero al atardecer del 23 de octubre la bicicleta ya no estaba. Erciclia y Leyre regresaban de su clase de gimnasia y no la vieron. “Otoño debe haber vuelto antes”, dijeron. Y no le dieron mayor importancia.

 

En realidad, se la había llevado Cau: unos días más tarde fue devuelta por la madre a Roberto Uriarte: “la tomó porque estaban haciendo un allanamiento a un comercio que tenía en Allen y tenía que llegar”, le dijo.

 

Pero fue una de las “puntas” sobre las que la fiscalía comenzó a elaborar su teoría del caso: la robaron para que la adolescente tuviera que regresar caminando por una calle prácticamente a oscuras.