2026-10-03

CIPOLLETTI CUMPLE 123 AÑOS

Historia de una murga cipoleña: una semilla que se desarrolló y creció en una tierra fértil

“La Bufona Carpocapsa”, 20 años de un fenómeno cultural y social.

La murga es un fenómeno relativamente nuevo en Cipolletti. Como expresión musical y coreográfica empezó a hacerse un lugar hacia 2004 – 2005, cuando la ciudad y el país ya comenzaban a salir de la gran crisis que había impactado tres años antes. Otros aires, otras ganas. Y una necesidad nueva de expresarse.

 

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José María Berrud, más conocido por su sobrenombre de “Chino” y sus sombreritos onda “Calle 13”, recuerda con nostalgia y buen humor aquellos años. Nadie sabía muy bien hacia donde se podía apuntar y cómo se iba a desarrollar, pero todos querían participar. En esos años se empezaron los primeros talleres de murga, impulsados desde la dirección de Cultura de la municipalidad. Y en 2006, todo ese trabajo iba a eclosionar en la conformación de una murga destinada a hacer historia: “La Bufona Carpocapsa”. Pasaron 20 años, la agrupación sigue vigente y a su paso permitió el nacimiento de una cantidad de nuevas murgas y comparsas que suelen encontrarse en los desfiles del aniversario.

 

La Bufona Carpacapsa este año cumple 20 años de vigencia con música y danza en las calles. Foto: gentileza.

 

“Ese 2006 empezamos con los talleres en el club San Martín. Pero Carlitos Balá bien decía que “el movimiento se demuestra andando”… y la murga se demuestra saliendo a la calle”, recordó el Chino. Se animaron y salieron. Y no pararon más.

 

“La Bufona Carpocapsa”

La murga suele ser un espacio muy democrático: todo se decide por consenso. Desde el nombre a los colores, los estandartes, los bailes. Las mismas clases se van dando en forma horizontal, donde los más dúctiles no sienten temor en explicar los pasos a los recién llegados.

Al momento de definir un nombre, a Julián García Barros se le ocurrió sugerir “La Bufona Carpocapsa”, y la propuesta se impuso “por escándalo”. Parecía genial “ese gusanito que nos hacía bromas a nuestros intentos de conseguir más productividad”. Y desde allí, con los primeros desfiles en el aniversario de Cipolletti, la Bufona empezó a hacerse parte de la historia local.

“La murga tiene que ver con la socialización, con el compartir, con generar vínculos. En ese sentido, se parece mucho a un club de barrio. Antes de salir a la calle hay todo un trabajo previo para confeccionar los trajes, para coordinar la logística, pero también para ensayar, para encontrarse todas las semanas, para contenerse entre todos”, precisó Berrud.

 

De España al Río de la Plata

El Chino no puede con su vocación docente. Maestro de grado, profesor de música, investigador aficionado (y apasionado), se remonta al origen de la murga. Y lo ubica en España, con las “chirogotas”, agrupaciones corales que en los carnavales van por las calles cantando sus coplas.

Desde Cadiz, el puerto y ciudad andaluza, la “chirigota” llegó al río de la Plata, donde tomó motivos de la cultura negra. Y se separó: la murga montevideana, que rescata y complejiza el canto, pero manteniendo ese tono irónico y cuestionador; y la porteña, que se concentra en sus aspectos más coreográficos y desarrollados en la calle.

 

La presencia de La Bufona en los desfiles de la ciudad. Foto: gentileza.

 

 “Al principio, los jóvenes murgueros tenían sus coplas e iban de bar en bar, ofreciéndolas. Las coplas formales, “por cinco guitas”; y las “picantes, por 10 guitas”. Pero cuentan que “las picantes eran las que más se pedían”.

 

Las dos escuelas

Hay muchas formas de hacer murga, según en donde se haya desarrollado. La que nos llega a la región procede de las variantes históricas que se formaron en Buenos Aires y alrededores, el bombo y platillos. Pero también allí tenemos dos estilos, dos escuelas.

“Por un lado – explica Berrud -, tenemos un estilo de pasos muy marcados, con coreografía, con una precisión milimétrica. El que practican Los Cometas de Boedo, que son una referencia en esto”.

Pero hay otro lado: “el de la murga más libre, donde cada cual va desarrollando sus pasos e improvisando sobre la marcha. Y allí se nos aparece la referencia de Los Reyes del Movimiento, del barrio de Saavedra, también porteños”, precisó.

 

La llegada y la consolidación

La murga llegó a la región y se quedó. Pasaron algunos profes y otros se acercaron para continuar. Los bailarines se cansaron y vinieron otros dispuestos a continuar con esa presencia tan particular.

“Creo que tiene que ver con esta cuestión de la identidad. La murga es comunitaria, es participativa. Se da un compañerismo especial cuando tenés que estar tanto tiempo compartiendo tareas. Es un espacio de socialización. Y es libre, porque cualquiera puede bailarla, no hay límites de edad. Es expresiva”, resaltó Berrud. Y por allí se explica por qué la murga se consolidó en la región y en la ciudad.

 

 

 

 

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