Historias cipoleñas: un periodista y narrador llega a una ciudad polvorienta

Héctor Pérez Morando, una vida dedicada a la investigación histórica.

3 octubre, 2026

El antiguo Hotel Argentino era la residencia más importante para quienes llegaban a Cipolletti. Héctor Pérez Morando se alojó en sus habitaciones. Foto: municipalidad de Cipolletti.
El antiguo Hotel Argentino era la residencia más importante para quienes llegaban a Cipolletti. Héctor Pérez Morando se alojó en sus habitaciones. Foto: municipalidad de Cipolletti.

Hubo un tiempo en que la estación del ferrocarril era el único punto de comunicación de esa ciudad enclavada en el triángulo de los tres ríos con el resto del mundo. Por los cables del telégrafo circulaban informaciones sobre el estado de las vías, pero también sobre cosechas, inundaciones y movimientos de gente. Por tren llegaban las publicaciones porteñas, dos o tres veces a la semana, que permitían avizorar lo que pasaba más allá del valle. Y los ferroviarios se encargaban de transportar las publicaciones prohibidas, fueran del movimiento anarquista, del sindicalismo perseguido o un peronismo proscripto.

 

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Pero esa mañana de 1957, en la estación de Cipolletti bajó una persona muy singular para la época. En ese tiempo, sus 29 años lo convertían en un adulto casi veterano, que llegaba con intenciones de probar de qué se trataba aquella aventura llamada Patagonia. Vestido de traje, con zapatos de charol negros, cruzó las polvorientas calles de la ciudad para dirigirse hasta el Hotel Argentino. La encargada lo debe haber mirado con cierta curiosidad, porque no era muy común que la gente se vistiera con esa solemnidad. Pero Héctor Pérez Morando era un recién llegado de Buenos Aires. Y lo que acá se veía como un refinamiento, en la capital federal era la norma de protocolo habitual.

Para esa época, don Héctor ya había publicado un libro de poemas y abrazaba al periodismo con pasión y vocación. Le parecía que en la Patagonia podría hacer lo que le gustaba y sumarse a la causa del progreso, una palabra que le gustaba pronunciar. Llegaba a un Cipolletti y a un Río Negro que empezaban a despertarse a la vida institucional. En Viedma, una convención constituyente debatía la Constitución provincial; en la Confluencia, Anacleto Badillo se debatía sobre si impulsar el pavimento o no.

 

El Colegio Manuel Belgrano, el primer secundario de la ciudad: el dictado de clases comenzó en 1958. Foto: municipalidad de Cipolletti.

 

“Recuerdo que desde Tribuna Cipoleña lo apoyábamos para que empezara la obra, que era muy importante”, recordaba en rueda de periodistas. En esos años apareció el periódico que él dirigió y la empresa constructora Reco iniciaba el asfalto del casco céntrico, en lo que se llamaba “las cuatro avenidas”: Fernández Oro, Alem, Brentana y Mengelle. Cipolletti fue la primera ciudad con asfalto de la región.

 

“Chacra asfaltada” vs “potrero con diagonales”

En esos años, desde un resentido Neuquén apareció el apelativo de “chacra asfaltada” para referirse a esta orilla del río. Ya existía una gran vinculación entre las dos ciudades, que todavía no alcanzaban a entender mucho esa separación provincial que marcaban los puentes.

Y desde esta vereda se respondió rápido, definiendo a la capital vecina como un “potrero con diagonales”, aludiendo a sus todavía calles de tierra, al trazado particular y a los alambrados y la tranquera que separaban el “alto” del “bajo”.

 

Don Héctor se sintió atraído por la vida política que recién comenzaba y aceptó una invitación del flamante gobernador, Edgardo Castello. Así que a mediados de 1958 se instaló en Viedma y durante cuatro años ejerció como subsecretario de Asuntos Municipales. En la flamante provincia, todo estaba por hacerse y en la articulación con los municipios volvió a mostrar su pericia.

Años después, Pérez Morando siguió su pasión patagónica en el Chubut: allí fue jefe de prensa de la gobernación, y jefe de redacción del diario El Chubut.

En los ’90 regresa al Valle. Ya más historiador que periodista, pero con la misma pasión.

 

La Biblioteca Patagónica

En los años buenos, el personaje de esta historia pudo formar una gran biblioteca especializada en temas patagónicos. Se carteaba con libreros de Buenos Aires, que lo mantenían al tanto de la aparición de algún ejemplar que lo apasionaba: publicaciones extranjeras, crónicas de viajeros, estudios históricos, descripciones geográficas que hablaran sobre la Patagonia, mítica o histórica.

Así logró reunir unos 4.000 volúmenes y más de 3.000 revistas que permiten hacer un recorrido de la significación de esta región en el imaginario de otras latitudes.

Una colección que hoy puede consultarse en el Centro Cultural Alberdi, de Neuquén.

 

El historiador

Con el tiempo, el periodista se convirtió en historiador y hay varias publicaciones en las que profundiza esos estudios. Una investigación sobre la estación meteorológica, la verdad sobre el nombre de una provincia, las memorias de El Chocón. O una colección de escritos y relatos compilados en el libro “Patagonia, periodismo con historia. Cipolletti centenaria”.

En esos años realizaba colaboraciones en el diario Río Negro y en el periódico Tiempo Cipoleño, trabajos por los que obtuvo el premio de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas en la categoría historia.

A fines de los ’90 se radicó en la Villa del Chocón, y desde “la ribera de enfrente a Cipolletti” – como le gustaba llamarla -, solía enviar sus colaboraciones a medios cipoleños.

Hasta el día de su muerte, ocurrida el 9 de noviembre 2013, don Héctor estuvo trabajando y desarrollando sus proyectos. En esos meses estaba concentrado en reflotar la Junta de Estudios Históricos de Río Negro, una iniciativa que lo tenía como protagonista pero que no pudo terminar.