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CRIMEN DE MAXIMILIANO

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13/08/2024

Una amenaza en modo mafioso, clave para resolver el homicidio

Al trabajador tucumano lo asesinaron el día que fue a comprar una dosis. No tuvo oportunidad de defensa
Una amenaza en modo mafioso, clave para resolver el homicidio
Una amenaza en modo mafioso, clave para resolver el homicidio

Maximiliano Carrasco tenía 30 años, había llegado desde Tucumán para conseguir empleo como trabajador rural, y además tenía una seria adicción a la cocaína. Una muy mala combinación: tenía una deuda importante con los distribuidores. Una promesa de pagar una parte con un aire acondicionado no se llegó a cumplir. Por eso, los “narcos” lo asesinaron cuando se presentó a buscar una nueva dosis, en la tarde del 17 de mayo.

 

Para lograr su impunidad, ocultaron el cadaver en un lugar de la meseta, atrás del aeroclub saltense y cerca del lago Pelegrini. A 2.000 metros de la ruta 70, en una especie de valle entre dos cordones de bardas, enterraron el cuerpo de Maximiliano.

 

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Ezequiel Millar, Federico Osés y Leticia Sasso se creyeron totalmente a salvo. Tanto que llegaron a jactarse del hecho: durante una cena con una pareja de consumidores, les comentaron lo que había sido el destino del infortunado peón golondrina. Y la amenaza velada, dicha como al pasar, siguió con una señal mucho más fuerte: como recordatorio, les dejaron un revolver calibre 22 en un cajón de la cómoda.

 

(El día en que se encontró el cuerpo de Maximiliano, estuvieron rastrillando la barda durante ocho horas)

 

La joven pareja se asustó con ese “presente” y su primera reacción fue arrojarla a un canal de desagüe. Pero después lo pensaron mejor y fueron a la fiscalía para denunciar lo que habían escuchado y dónde se habían desprendido del arma.

 

Desde esa punta del ovillo comenzaron a tirar fiscales y policías. La situación se desencadenó cuando el trío narco se asustó e intentó recuperar el revolver ingresando a la vivienda en forma clandestina. Ese día fueron detenidos. Millar y Sasso fueron detenidos e imputados por el crimen, pero era una acusación que tenía algunas puntos débiles y en un juicio podrían terminar beneficiados por la endeblez de las pruebas.

 

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Pasaban los días y a pesar del esfuerzo de los rescatistas, no encontraban el cadaver de Maximiliano. Hasta que Millar “se quebró”: decidió nombrar a otra persona como el autor material (Osés); y mencionó la ayuda de Marcos Figueroa, quien trasladó el cadaver en su Renault Sandero.

 

Millar y Figueroa terminaron por hacer el relato que llevó hasta el punto donde se encontraba enterrado el cuerpo. Fue difícil: ni ellos mismos tenían muchas precisiones. Fueron más de ocho horas de búsqueda en ese desértico sector de la meseta.