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20/03/2025

Cómo cambian las estrategias de los compradores en épocas de bolsillos flacos

Se buscan ofertas, vuelve el “contado efectivo” y se adquiere “lo del día a día”
En las verdulerías, el comerciante que se equivoca en la compra puede tener pérdidas importantes y "quedarse afuera" de la cadena. Foto: archivo.
En las verdulerías, el comerciante que se equivoca en la compra puede tener pérdidas importantes y "quedarse afuera" de la cadena. Foto: archivo.

Los consumidores están variando su forma de comprar, especialmente en los barrios. Son épocas de “bolsillos flacos” y quienes dependen de un salario fijo deben extreman su ingenio para llegar a fin de mes. Algo que impacta también en quienes dependen de changas o son emprendedores que también reciben el impacto del humor (y las billeteras), del resto de la sociedad.

 

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Si las ofertas siempre existieron, ahora son el mecanismo más activo para atraer compradores. Desde el almacén de proximidad a las verdulerías; de las carnicerías a las grandes cadenas de supermercados, todos tratan de llamar la atención con una cartelera vistosa de precios reducidos.

Pero los compradores ya no tienen el mismo nivel adquisitivo de antes y los vendedores tratan de acomodarse a la nueva situación. El ejemplo más claro lo dan los mercaditos barriales. Los distribuidores han visto que ya no hacen compras grandes: “antes los pedidos eran más abundantes y el comerciante se estoqueaba con mercadería. Ahora ya no; se encarga lo que se sabe que va a vender. Y pasa por la diaria”, precisó un repositor.

La gama de pedidos incluye algunos lácteos, fiambres, algún tipo de queso cremoso, unas pocas variedades de artículos de limpieza, de los llamados imprescindibles, y no mucho más.

 

Los almacenes barriales, afectados por la crisis: se compra lo que se consume en el día. Foto: archivo.

 

El arte de saber comprar y vender se evidencia mucho más en las verdulerías: productos perecederos en el corto plazo, el que comete un error puede perder el tren. “Hay que comprar pensando en retener a la clientela más que en conseguir nuevos. Si me cargo de cajones de tomates, por mejor precio que tenga, puedo terminar haciendo salsa”, explicó un comerciante. “¿Qué es lo que más sale? Papas, zapallo, cebollas. A veces, zapallitos o zanahorias. La fruta, bien gracias. Está cara y las mamás están eligiendo mucho”, precisó.

En este ramo, la modernización alcanzó a las formas de pago: la mayoría ya trabaja con dinero electrónico, a través de alguna billetera no bancaria o tarjetas de débito. Pero el “contado efectivo” se niega a morir y sigue estando más que presente a partir de una oferta más que tentadora: 10 % de descuento.

La misma situación se advierte en las carnicerías. Y la magia es fácil de detectar: con “platita en mano”, el comerciante maneja los tiempos de pago de sus impuestos. Con el “dinero electrónico”, las transferencias son inmediatas. Además de tener inmovilizado ese dinero durante dos o tres días. “Y si te toca un fin de semana, o un feriado en el medio, hasta 10 días”, se quejó un almacenero.

 

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Para los carniceros, la realidad es la misma: “platita en mano y rezo en la iglesia”, comentó con ironía un veterano del ramo. La media res hay que pagarla a siete días, con cheques. “Y hay que levantarlo sí o sí para seguir en la cadena”, precisó.

Si en la verdulería el arte es saber elegir los artículos para ofrecer, en la carnicería hay que buscar otras vueltas. “La carne con hueso llega como media res, y se compra en compacto. La carne deshuesada ya llega despostada, pero te venden como si fuera la vaca completa: un costillar, un cuarto delantero, un cuarto trasero”, comentó el trabajador de la industria.

“Hay que saber acomodar los precios de acuerdo a la demanda”, apuntó el encargado de un local en el barrio Almirante Brown. Y también encontrar las alternativas: la elaboración de chacinados y milanesas; las ofertas de carne picada y cortes “imaginativos” que combinan aquellos que no tienen tanta salida con los que gozan de mejor prensa. ¿Por ejemplo? La aguja es una cosa, y el “bife americano” parece otra, pero es más o menos lo mismo. Eso sí: se vende mejor.