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27/08/2025

Día de la radiodifusión: quiénes fueron los “locos de la azotea” de la región

Sin radios ni escuelas de comunicación, las propaladoras fueron las formadoras de vocaciones radiales y abrieron las puertas a las inquietudes de la juventud en los albores de la radio.
La vieja casona de LU 19, frente a la rotonda de las rutas 22 y 151. Foto: gentileza.
La vieja casona de LU 19, frente a la rotonda de las rutas 22 y 151. Foto: gentileza.

El 27 de marzo se celebra el “día de la radiodifusión argentina” por un hecho que tuvo un impacto mundial: ese día de 1920, cuatro jóvenes cristalizaban el primer programa de radio en el mundo. Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica lograron transmitir en directo la ópera Parsifal desde la terraza del Teatro Coliseo. Los “cuatro locos de la azotea”.

Fueron pocos los que pudieron escuchar aquella primera emisión: los que habían podido comprar un receptor de ondas de radio, que por lo general eran radioaficionados. El concepto de “emisión radial” recién nació ese día. Los cuatro estudiantes porteños, apasionados de la técnica y de las teorías de Guillermo Marconi, demostraron que era posible. Y una inmensa industria cultural comenzó a desarrollarse a escala mundial.

Cuatro décadas más tarde, los receptores inundaron las tiendas de electrodomésticos. Los hogares de la región también se apasionaron con estos aparatos que acercaban el mundo al alcance de un oído. En Cipolletti, se podía seguir las transmisiones de LU5, la radio neuquina que era filial de Radio Belgrano. Y por las noches, cuando las circunstancias climáticas lo permitían, se podían captar las señales de las radios porteñas, bahienses o chilenas.

 

Eduardo Falú en el estudio de LU19. Escuchan con atención Jorge Fernández Garro y Abrahan Tomé. Foto: gentileza.

 

El valle rionegrino comenzó a poblarse de señales propias recién en 1963, sobre la finalización del gobierno del viedmense José María Guido. En Viedma, Villa Regina, General Roca y Cipolletti, las nuevas emisoras empezaron a llenar el aire con voces propias. Y a explicar desde su propio punto de vista los problemas cotidianos.

Pero antes de ese año, los jóvenes rionegrinos y neuquinos querían y soñaban con la radio. Lo hicieron a través de alguna “radio clandestina”, como Raimundo Ruggioeri, Aldo Liccardi, Gabriel Martínez, Reyes Romero y Nicolás Destéfanis, que inventaron su propia radio antes de tener una licencia. Después, el grupo iba a manejar la primera LU 15.

En Cipolletti, la primera sociedad propietaria de LU 19 se llamó VALOR, por el acrónimo de los apellidos que integraron el directorio: Noemí Arolfo de Viola (que reemplazó a su esposo, José Antonio Viola); José Cornelio Andrada; Ignacio Lizazo; Moisés Omill; y Ricardo Rost.

Pero la materia prima, las voces de la locución, los periodistas, los técnicos, salieron de otra experiencia: las propaladoras. Una especie de “radios de tipo B”. O radios “de circuito cerrado”, como podrían llamarse hoy. Los emprendedores de la década del ’50 y ’60 instalaban altoparlantes en el centro y a través de una red cableada difundían música e información.

 

Otra etapa de la radio: la inauguración de la planta tansmisora. Foto: gentileza.

 

En Villa Regina, LU16 nació desde el espíritu de Diego López, propietario de la Propaladora Estrella. En Cipolletti, varias voces iban a surgir de ese medio de expresión. Adolfo Onofri, tío del actor Jorge Onofri, era el propietario de la propaladora Sur, que tenía oficina en la calle Roca. Muy amigo del designado primer director de LU19, Adolfo Turrín, contribuyó con el armado de la primera programación.

Turrín, un cipoleño que se había desempeñado como locutor y periodista en la vecina LU5 , no pudo disfrutar de su creación. El día anterior a la inauguración de la emisora, el 12 de octubre de 1963, un choque lo dejó inconsciente y en terapia intensiva durante ocho meses.

En Neuquén, don Juan Mirabete tenía su taller de reparación de radio en el “bajo” y desde allí dirigía su pequeña empresa de radiofonía móvil y propaladora. Por esos micrófonos pasaron Rebeca Bazán y Jorge Fernández Garro, dos de las primeras voces que tuvo la radio cipoleña.

En Allen, una voz muy joven se abría paso desde el aire de otra propaladora: Marina López, hoy un símbolo y toda una trayectoria en LU19.|

Las ganas, la vocación y el espíritu de la radio, vencían todos los obstáculos. Hasta los tecnológicos. Con menos recursos, con muchas ganas, las propaladoras de la región le abrieron el camino a las futuras voces que se ganarían el corazón de rionegrinos y neuquinos.