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11/10/2025

Preparar el suelo y gestionar el riego: claves para una siembra exitosa de maíz en el Valle Inferior

Hay fecha para distribuir en los almácigos, según el INTA.
La fertilización es una inversión. Foto gentileza INTA.
La fertilización es una inversión. Foto gentileza INTA.

Con el inicio de la temporada de siembra de  maíz en el Valle Inferior, la ingeniera agrónoma Evelyn Neffen, de la Estación Experimental INTA Valle Inferior, brindó recomendaciones para lograr un cultivo eficiente y sostenible.

Desde la preparación del suelo y la rotación de cultivos hasta la fecha óptima de siembra, el riego y la fertilización, la especialista destacó la importancia de prácticas que cuiden tanto el rendimiento como la calidad del suelo.

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“Una buena preparación del suelo es el primer paso”, señaló Neffen. La conformación de surcos bien definidos es clave en una región donde predomina el riego por gravedad. Además, el barbecho, ya sea mecánico o químico, permite controlar las malezas y conservar agua en el suelo, preparando el lote para una siembra homogénea.

La rotación de cultivos también juega un papel central. Cuando el maíz sigue a leguminosas como alfalfa, vicia, el suelo se enriquece y su estructura mejora, favoreciendo la materia orgánica y la diversidad radicular. “Rotar cultivos no es solo un tema de nutrición: es una forma de fortalecer y cuidar el suelo a largo plazo”, explicó.

En cuanto al momento de siembra, la recomendación es apuntar a la última semana de octubre o la primera de noviembre, para evitar daños por las heladas tardías, que según registros históricos suelen ocurrir hasta la primera semana de noviembre.

Además, la profundidad de siembra (aproximadamente 3 a 4 cm) y la densidad de plantas (alrededor de 85.000/ha o 6 plantas por metro lineal) son factores que influyen directamente en el desarrollo uniforme del cultivo.

Respecto al riego, Neffen insistió en la importancia de la eficiencia: aplicar entre 7 y 8 riegos cortos y bien distribuidos, manteniendo surcos uniformes y realizando riego por surco alterno, es decir regar la mitad de los surcos y elegir los surcos más apisonados, que permiten un flujo constante de agua. Un caudal de referencia de 1,5 a 2 litros por segundo por surco asegura una buena performance. Además, incorporar mangas con boquillas permite regar y  fertilizar de manera simultánea, optimizando la disponibilidad de nutrientes, especialmente nitrógeno, durante los momentos críticos del cultivo como la floración y el llenado de grano.

La fertilización debe pensarse como una inversión en el suelo, no sólo como un insumo. El fósforo debe aplicarse al momento de la siembra para asegurar un buen arranque del cultivo, mientras que el nitrógeno se distribuye en distintas etapas, priorizando la floración. Para un rendimiento de 12 t/ha, el cultivo requiere aproximadamente 230 unidades de nitrógeno (casi 600 kg de urea) y 40 unidades de fósforo (alrededor de 200 kg de fosfato). “Aplicar menos de estas cantidades contribuye a la degradación de suelos incipientes y poco desarrollados como los del Valle y explica en parte no llegar a los rendimientos potenciales que se desean”, advirtió. Por otro lado remarco gestionar correctamente los riegos y la fertilización evita pérdidas por lavado.

Finalmente, Neffen remarcó que la siembra de maíz en el Valle Inferior exige un manejo integral, donde la sostenibilidad y la reposición de nutrientes son tan importantes como el rendimiento inmediato. “El suelo debe ser visto como una inversión a largo plazo. La clave está en equilibrar productividad y el cuidado del recurso”, concluyó.