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02/04/2026

Malvinas: el recuerdo de Pedro Yranzo, el cipoleño que combatió en el aeródromo de Puerto Argentino

El “Gordo” falleció hace 19 años, víctima de una enfermedad atribuible al estrés postraumático de la guerra.
Un grupo de soldados argentinos, en una posición defensiva durante el conflicto de mayo-junio de 1982. Foto: gentileza de Imágenes de la guerra de Malvinas (sitio de Facebook).
Un grupo de soldados argentinos, en una posición defensiva durante el conflicto de mayo-junio de 1982. Foto: gentileza de Imágenes de la guerra de Malvinas (sitio de Facebook).

Se lo recuerda todavía subiéndose a los colectivos que hacían el recorrido hacia Neuquén, con su ropa de veterano de guerra y la revista que editaba junto al grupo de malvinenses reunido en la agrupación Jorge Néstor Águila. Pedro Yranzo combatió en las Islas Malvinas, había sobrevivido a los bombardeos de los buques y la aviación inglesa sobre el aeródromo de Puerto Argentino, un lugar clave en el desarrollo de aquel conflicto. Se paraba al lado del asiento del conductor y ofrecía aquel humilde fanzine, en la que explicaban el sentir de aquellos soldaditos que habían entrado de golpe a la edad adulta. Una publicación que servía de terapia colectiva y también como una alternativa laboral para llevar algo a la casa.

 

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En los años 1986-1987, la causa Malvinas no tenía la sensibilidad ni la visibilidad que tiene hoy. Los soldados que regresaron de las islas no eran tenidos en cuenta y se las arreglaban como podían. Después vendrían tiempos un poco más justos, pero los primeros tiempos fueron duros. Había un recelo concreto desde la sociedad, que desconfiaba de lo que podía pasar por la cabeza de aquellos chicos. La revista, el empeño en salir a la calle y mostrar una realidad, fue el primer paso para que la sociedad viera lo errado de aquella aseveración.

A fines de marzo de 1982, Pedro Yranzo estaba haciendo el servicio militar y fue destinado junto con su guarnición a la base aérea de Río Gallegos. Allí se enteró de la situación en el Atlántico Sur, el conflicto, la llegada de la Task Force y el comienzo de la guerra. “En los primeros meses estaba a cargo de una batería antiaérea. Nada fuera de lo normal: los ejercicios, el orden, los horarios. Cuando estábamos con el cañón, esperábamos. A veces pasaba el avión de Aerolíneas Argentinas, lo seguíamos con el objetivo, como haciendo puntería, y nada más”, contó durante una entrevista.

Todo cambió drásticamente el 1° de junio: “nos subieron a un Hércules C-130, que no tenía asientos porque era un avión de transporte. Así que sentados en los cascos nos llevaron hasta Puerto Argentino. Ahí nos recibieron los cañonazos de la artillería inglesa. El avión no aterrizó: hizo un vuelo muy bajo y nosotros nos tiramos sobre la pista, rodamos y quedamos a un costado. Después había que esperar, pararse y correr agazapados hasta el refugio”, precisó.

 

El aeropuerto de Malvinas, en los primeros días de la guerra. Fue objeto de encarnizados bombardeos por la marina y la aviación inglesas. Foto: archivo.

 

Estuvo dos semanas en el primer frente de batalla: la armada y la aviación inglesas atacaban constantemente al aeropuerto para cerrar el cerco sobre las tropas argentinas. Su objetivo: impedir que recibieran armas o equipos, refuerzos y alimentos. Pasaban los días y los bombardeos eran cada vez más intensos. “Lo que recuerdo es el ruido de las explosiones. Todo el día. Y saber que no era como en el cine; que si caían donde estabas, te mataban. Después uno se insensibiliza y deja de prestarle atención”, relató.

Después de la rendición, llegaba un tiempo “sin memoria”, los días en que el estrés terminaron por bloquear muchas cosas: el campamento de prisioneros, el traslado en el barco hasta el continente, los días en que el Ejército los tuvo semiocultos en el regimiento.

“Cuando llegué a Cipolletti estaba terriblemente flaco y no recordaba muchas cosas. No me acordaba de mi familia, no sabía que tenía hermanas… Después esos recuerdos fueron volviendo”, explicó.

Pasaron los años; Pedro se casó con Carmen, tuvo dos hijos, y siguió luchando por la reivindicación de los antiguos combatientes que habían peleado en Malvinas. Los tiempos fueron cambiando, llegaron algunas mejoras con las pensiones y las posibilidades de conseguir trabajos dignos. Para Pedro, era un poco tarde. El estrés postraumático lo llevó a una obesidad mórbida que fue mellando su salud.

Empezaron los problemas renales, las complicaciones cardíacas. Falleció el 20 de septiembre de 2007; tenía 44 años.